2 feb. 2011

The library

Si hay algún sitio ante el que tenga que quitarme el sombrero ése es sin duda la biblioteca. No sé si esta afirmación es extensible a las demás ciudades británicas pero a mí me ha hecho pasar los mejores ratos aquí, en Bristol. Me centro en la principal, ya que existe una amplia rama de ellas distribuidas por barrios y que, a pequeña escala, tienen poco que envidiarle. Nada más entrar la ‘library’ te da un abrazo de calor que ya te hace presagiar algo bueno.

La facilidad con que te hacen socio y el silencio respetuoso pero no forzado son otro punto a favor. En la primera planta además de encontrar todos los libros imaginables, las últimas novedades en DVD y lo que se espera de una gran biblioteca, se encuentra la cafetería. Es curioso, está integrada en medio de estanterías y sin embargo no llama mínimamente la atención. Las mesas que la rodean albergan a gente almorzando, tomando un té y estudiando, espabilándose con un café…a su izquierda discurre el parque infantil en el que los niños juegan en un tono asombrosamente calmado, pintan, colorean o se deslizan por los toboganes bajo la mirada de las madres, que han entrado sin ningún tipo de problema con sus correspondientes carritos. Los sofás completan esta estancia donde lo mismo lees el ‘National Geographic’ que la revista más rosa del mercado, y ese es un detalle que adoro de este sitio: no se ciñe a intelectualismos. Puedes encontrar todo tipo de publicaciones, hasta las más inesperadas. Paso varias horas diarias en este templo que se ha convertido en parada obligada a la hora de estudiar, conectarme a Internet, respirar paz o encontrar a algún conocido.
Precisamente ayer me contaba una amiga mientras tomábamos té que el día anterior en el sofá de enfrente un hombre se había puesto a roncar y ella no se concentraba en estudiar. Por supuesto nadie le dijo nada, de haberlo hecho el señor habría increpado : ¿y para qué, si no están los sofás?. Pero salvo excepciones algo ruidosas como ésta, reina la concordia y no son pocos los que como yo acuden en busca de calor y confort entre una tarea y otra. La segunda planta está dividida entre la informática y el estudio. Decenas de ordenadores bullen durante todo el día y el sistema de reserva es digno de elogio. Además llegues cuando llegues siempre habrá un sitio para ti. Una hemeroteca de película anexa a la sala informática continúa la segunda planta y da paso a un gigantesco espacio donde los escritorios de madera, el olor antiguo y las lecturas más clásicas se distribuyen por miles dejando una sensación de ‘deja vú’ justificada a través de películas como Harry Potter.
La eficiencia de los trabajadores es también asombrosa. Pendientes del más mínimo detalle o necesidad del usuario. En una ocasión perdí mi gran tesoro aquí : mi libreta verde donde apunto, todo lo que no puedo olvidar que es mucho (números, direcciones, fechas de citas….). La daba por perdida cuando al entrar en mi mail una semana después me informaban de que se encontraba en la biblioteca y que podía pasar a por ella. La historia no sería para tanto de no ser porque mi nombre no aparecía en la libreta, pero ojeándola descubrieron un número que creyeron era el de socia de la biblioteca, lo buscaron y ‘voilá’ me encontraron. Al recogerla se disculparon por haberla tenido que abrir.
Si finalmente tengo que abandonar esta ciudad voy a echar de menos muchas cosas, pero la biblioteca estará en primer lugar.

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