2 feb. 2011

Cansancio relativo

Mejor que un sandwich
Pues muchos no me creerán pero buscar trabajo con esta intensidad, con temperaturas bajo cero y con la señal de ‘countdown’ eternamente encendida agota, y mucho. Hoy es lunes y me siento como si hubiese salido de un ‘after hour’ ibicenco de esos en los que nunca he estado. Las distancias en Bristol son relativas, todo pilla ‘ahí al lado’ (truco que decimos los españoles cuando no sabemos que número de autobús corresponde a esa zona o para ahorrarte el billete, caro hasta decir basta). El caso es que por unas cosas o por otras, camino bastantes kilómetros al día, y estoy echando unas piernas que ya quisiera para ella Selena Williams. Vivir a una hora del centro y llegar allí es sólo el principio, súmale la carrera a la biblioteca para conectarte a Internet (según cómo tenga la espalda cargo o no con mi viejo Packard Bell, peso muerto y 15.4 pulgadas), busca las últimas ofertas enviando uno de los modelos de CVs adecuadamente modificados para cada ocasión, mira el correo y asimila ya sin parpadear los múltiples que te informan de que eres ‘unsuccesful’ para un determinado puesto, si te da tiempo ojeas la prensa española para convencerte que de Guatemala a Guatepeor y de nuevo corriendo a las clases, que son gratis (y como manda la tradición, por tanto, están en la otra punta de la ciudad) y, lo más importante, sirven para socializar y tener algo de ocio. Tras las clases (45 minutos mal aprovechados porque son profes de prácticas) un sandwich rápido y... a seguir la ruta que, en función de mis ánimos, consiste en pasear buscando vacantes o tratar de descubrir algún resquicio Bristoliano en el que no haya probado suerte... Todo esto día tras día, agotá... y, lo peor es, sin duda, que con estos horarios guiris nunca me pilla el almuerzo en casa para que pueda preparar las lentejas que me envió mi madre.

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