19 dic. 2013

Jamón de York en el Portal de Belén

Siempre he sido de un inocente preocupante. Tiendo a creerme de buena fe lo que me cuentan y me cuesta horrores convencerme de que alguien sea mala persona, por reiteradas pruebas que me dé de ello. Esta tendencia mía es extensible a mi visión del mundo. Una vez más y con mi 'maletilla' a cuestas me he plantado de vacaciones en esta ciudad donde no hay pobres, nadie pasa hambre, no hacen falta centros ni comedores sociales y los rusos reparten lingotes de oro en los semáforos. Espera...¿o eso era lo que decían los medios?. Ya es que me confundo. Y eso que soy periodista.
El caso es que es poner un pie fuera del avión y me vuelvo a dar cuenta de mis castillos en el aire. Me levanto y pongo la tele. En Bristol nunca he tenido y la verdad, la de disgustos que te ahorras. Más imputaciones, estafas, juicios, desahucios, deudas, recortes en la libertad de expresión que enorgullecerían a Franco....un poco de todo y nada bueno. Bueno, estoy faltando a la verdad, dimisiones estoy aún por ver la primera.
El ya famoso anuncio de 'Campofrío' y su intención de viralidad quiere hacernos olvidar por unos días lo 'fastidiaos' que estamos. Que no es que tenga yo afición por sufrir, ni deje de reconocer que han conseguido emocionar. Pero que no nos timen. El 'spot' ha encontrado tantos halagos dentro de nuestras fronteras como recriminaciones fuera de ella. La inmensa mayoría de los emigrados (y me baso en grupos mayores a las 6.000 personas presentes en internet) han expresado su indignación por aquello de que "uno puede irse, pero no hacerse". Acabáramos. Si de lo que se trata es de no tener que irse. O al menos, no hacerlo obligados. Que pretender que se nos llene la boca de orgullo patrio mientras tú país te ha mandado a fregar platos a 5 libras la hora, es mucho pedir.
Pero mientras se lucha pues habrá que aprovechar, aunque sea con jamón de york, las cenas de Navidad, los reencuentros con los amigos y las risas al calor de una copa. Y por qué no?, pedirle a los Reyes que llene las cárceles de siglas políticas. Ya os lo advertí, soy una inocente.

25 oct. 2013

Los brotes verdes del Gobierno y las setas alucinógenas

Estoy por ir haciendo la maleta. Tanto oír a nuestros ministros decir a boca llena eso de que la crisis ha terminado, que casi te lo crees. Ya me veía con mi contrato, unas justas condiciones laborales, una nómina a fin de mes y casi, casi hasta con tiempo suficiente para cotizar y llegar a recibir una pensión.
Pero entonces me sonó la alarma del móvil; esa que tiene un toque más moderno que el despertador pero que fastidia exactamente lo mismo. Y aterricé directamente en vuelo 'low-cost' desde 'Felicilandia'.
A mi, como al resto de los españoles que no pertenecemos a la elitista clase política, me tocaba ponerme en marcha y tratar de encarar el día lo mejor posible. Ese mismo día una amiga me comentaba su frustración: profesora de secundaria, examinadora del Instituto Cervantes y con amplia experiencia, había sugerido en  el colegio donde trabaja a destajo de lo que aquí llaman 'kitchen porter', la posibilidad de dar clases de apoyo de manera gratuita. La respuesta, muy educada eso sí, fue que si quería aprender cómo se da una clase, podía sentarse junto a los alumnos en su tiempo libre. Sobran los comentarios.
Pero su caso es un grano del granero. Mientras en España el Gobierno se da golpecitos de espalda, posa más sonriente que nunca en la foto (insultantemente en el caso del Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro) y se pavonea del descenso de cifras como la de la dichosa Prima de Riesgo, el resto de los ciudadanos seguimos enfrentándonos a la verdad.
Y esa verdad, fuera del territorio nacional, es que la cifra de gente de todas las edades que ponen un pie fuera de casa en busca de un futuro está lejos de disminuir. Y lo peor es que lo hacen conformándose con muy poco. La falta de opciones es lo que tiene. En casi la totalidad de los casos e independientemente de tus estudios y del nivel de idiomas que tengas, tus posibilidades de acabar siendo camarero, trabajador de fábrica u hotel, limpiador o chico para todo en una cadena de 'fast food' son del 95%. El otro 5% consigue el deseado sueño americano en versión europea: tener un trabajo acorde con su cualificación y valía.
Pero ellos siguen encontrando argumentos para felicitarse. Si cuando reconocían la crisis, los ciudadanos salían de España por su carácter "inquieto", ahora que se ha volatilizado lo achacarán a tendencias suicidas me imagino.
Lo más complicado vendrá pronto. La enorme mayoría de los que estamos fuera volveremos en un plazo medio. Nadie te dice que quiera quedarse en Inglaterra como es el caso y no creo que la cosa varíe mucho en otros destinos; porque nos encanta nuestro país, porque pese a todo, no creemos que haya ninguno igual y porque cada día lejos es un castigo soportable sólo a corto plazo. Y a la vuelta, esas decenas de miles de personas se encontrarán con unos cuantos años más, desvinculados del difícil mundo laboral nacional y con una experiencia que se reducirá a los trabajos menos cualificados.  Pero a ellos qué les importa. Saben que ocurra lo que ocurra, van a seguir con los estómagos bien llenos.



19 sept. 2013

Lágrimas de tinta

Desde la primera vez que puse un pie en Bristol y aunque la relación amor-odio que tengo con este país es incomprensible, hay algo que siempre me ha parecido digno de admiración: su red de bibliotecas públicas. La situada en pleno centro de esta ciudad, junto a la catedral, ha sido siempre mi favorita. Cálida, acogedora y sabia guardiana de ejemplares de siglos de antigüedad. En la planta superior, normalmente cerrada al público, se respira historia y ediciones de 'El Quijote' de los primeros años de 1600 comparten protagonismo y capas de polvo con las obras maestras de Shakespeare en un hermanamiento literario digno de admiración y que se traduce en un crujir de páginas emocionante.
Al menos, lo era hasta ahora. En una de mis últimas visitas un grupo de personas se amotinaba en la entrada, haciendo público el futuro inmediato de la 'Central Library'. El Ayuntamiento planea la venta de sus dos plantas para la construcción de un colegio privado y el destino de ejemplares tan valiosos como los mencionados es incierto. Una vez más, la educación al servicio del dinero. La señora que recogía las firmas para tratar de impedir la venta nos reconoció de inmediato. "Vosotros sois españoles, sabéis mejor que nadie qué es que os quiten las cosas", nos dijo sentenciando el silencio entre el grupo.
Entré dentro triste y muy sorprendida; quizás sea sólo un edificio (valorado en millones de libras dada su edad y ubicación eso sí), pero es uno de los pocos lugares donde sientes que todo lo que quieras aprender está ahí, al alcance de tu mano y sin coste alguno. Los libros situados allí y según la plataforma que recogía apoyos, en el mejor de los casos se dispersarán y los menos valiosos serán cedidos o incluso destruidos. Sólo queda confiar en que las autoridades escuchen, la venta no salga adelante y no se tengan que derramar más lágrimas de tinta.

3 sept. 2013

Turistas con el culo al aire

"En este hotel parece que les hacemos un casting" me comentaba el directivo de un establecimiento hotelero hace un par de días, mientras afirmaba no acabar de acostumbrarse a las barbaridades que cometen algunos mal llamados 'turistas'. Esos que no sólo están en Salou y que nos guste o no y por más que se disimule, también llegan a Marbella, aunque sea con más billetes en los bolsillos. Pero el dinero nunca ha hecho la clase. Mientras hablábamos, un británico desnudo en la terraza vociferaba a una chica que se encontraba en la habitación de otro hotel situado en frente. Que para qué existen los móviles, que aquí en España estamos muy atrasados y se lleva eso del grito en 4G. "Y menos mal que la piscina no está al alcance, pero te puedo contar de todo, esto no es normal".
Enseguida me vino a la mente otra imagen de hace un par de semanas. Un amigo y yo volvíamos a casa en coche hablando precisamente de estas pandas de garrulos que acechan España sin otra intención que destrozar lo que pisan como 'Atilas' de habla inglesa y de cuya presencia aquí, tampoco nos libramos. En ese mismo instante y delante de la fachada de un establecimiento 'de alterne', un grupo de cuatro jóvenes con el bañador bajado y la tasa de alcohol presumiblemente por las nubes, enseñaba el culo a los automovilistas mientras luchaban por mantenerse en pie.
El hecho de que la mayoría de ellos sean ingleses, me cabrea mucho. A punto de embarcar de nuevo me pregunto qué me ocurriría si una vez pise tierras británicas me dedicase a destrozar mobiliario, beber hasta vomitar, cometer actos semi-suicidas y dejar la bandera de mi país a la altura del betún. Pues no voy a comprobarlo, pero unos días de calabozo, actos comunitarios y una multa de muchas libras no me la quitaba nadie. Ni el gris continuo que sufren, ni su obsesión por esa falsa educación y apariencias que les mantiene reprimidos, ni su tendencia al alcoholismo crónico les disculpa. No deberíamos dejar que vean España como ese sitio donde desahogarse y liberarse de todo lo que en su país no pueden hacer. Que vivan aquí 30 años y no se molesten en integrarse o en aprender a decir 'buenos días' ya es un clásico, pero el baremo de la civilización no debería entender de nacionalidades.

11 ago. 2013

No se lo digas a nadie...

En estos días no dejo de darle vueltas a la falta que me hace tener menos escrúpulos. Para todo. Hasta yo, que tardo en pillar una maldad algo más de un lustro, he llegado a la conclusión de qué o le echas tripas a las cosas o estás perdida. Claro, que para eso hay que valer y creérselo, amén de pisar las cabezas que haga falta y plantarte una sonrisa eterna en la cara sin el más mínimo ápice de remordimiento. Yo creo que es algo con lo que se nace, también os lo digo, pero no pierdo la esperanza de, al menos, aprender a hacerme valer y plantar cara a esa cantidad de mamarrachos que andan por el mundo y que en realidad no tienen más que fachada y tragaderas. Dicho así parece que alguien me la acaba de jugar y que hablo desde el rencor, pero no es así, es una reflexión obtenida a base de los múltiples ejemplos que te otorga la vida diaria. Y como de algo tenía que escribir (desde que abandoné temporalmente Inglaterra tengo el 'blog' en dique seco) pues aprovecho para ser un poquito malvada, aunque sea por un rato. Mientras tanto agosto pasa, nuestros vecinos madrileños y usuarios de polos y mocasines inundan Marbella con la esperanza de poder contárselo cuanto antes a sus amigos y las viejas glorias del glamour pasean su palmito en busca de 'flashes' a los que encandilar. Pero de eso se trata al fin y al cabo, de dar pocos palos al agua y mucho de qué hablar.

17 jun. 2013

The Big Issue

Yo podría protagonizar un anuncio de helados. Si la vuelta a casa por Navidad le vale de excusa a los de los turrones, mis regresos durante los veranos son ya otro clásico. Con las maletas abiertas de par en par y las cajas de cartones inundando la casa apuro las horas, cada día más convencida de la certeza de aquella frase que asegura que "de todo se aprende". Y mucho.
Durante las últimas semanas y por cuestiones de trabajo, paso bastantes horas a pie de calle. Una labor que no se presentaba nada apasionante a priori, pero que me está dando una lección y haciéndome creer que, en materia de humanidad, quizás no lo tengamos todo perdido. Con el paso de los días vas reconociendo rostros hasta hacerlos familiares y descubres que ahí, frente a ti y delante de los escaparates se esconde una sociedad al margen. Esa que hace de la calle su hogar y que lo que más desea cada mañana, es que no amanezca lloviendo.
Hay rostros de todo tipo e historias para todos los gustos. Está el pastor que reparte oraciones en busca de almas perdidas. Ese que te acerca un café y te cuenta que él no toma porque está en su quinto día de dieta. Que su hijo se casa y quiere caber en el traje. Siempre viste una sonrisa y no fuerza a la convicción. Asegura que es otro desde que descubrió la fe, que ha dejado atrás décadas de alcoholismo que derivaron en un trasplante.
A su lado se colocan los monjes tibetanos. De una manera gráfica y silenciosa explican a través de fotografías, su desgracia. Bajo el lema 'Tibet is burning' van narrando como sus jóvenes se prenden fuego como una cerilla para reclamar la independencia de su país. Otro de los dramas olvidados por el mundo de no ser por acciones como la suya.
Y no puedo olvidarme de los que están en cada esquina. En Gran Bretaña, personas sin recursos se apostan en las calles para vender 'The Big Issue', una publicación multitemática y cuyos beneficios van destinados a mejorar la calidad de vida de estas personas.
Una amiga ya me había contado como algunos de ellos la ayudaban en su día a día a colocar las mesas de la pastelería donde trabajaba y se ofrecían para echar una mano en cualquier cosa mientras trataban de vender su magazine.
Yo por mi parte, coincido mucho con uno de ellos. El primer día que se paró junto a mi ya se ganó mi simpatía. Me preguntó qué tal estaba, cómo iba el día y me explicó que estaba "esperando a que salga el sol, porque así la gente está mas contenta y compran más". Se despidió con una sonrisa y me dijo "te veo a la vuelta", volviendo a preguntarme si de verdad estaba bien. Le faltan casi todos los dientes, está en la calle y tiene unos 30 años más que yo. Y aún así tenía tiempo para interesarse por mí.
Desde entonces cada mañana pasa y me hace una gracia.
Por cosas como ésta, además del buen número de amigos que me llevo y las experiencias impagables,  esta nueva aventura ha merecido la pena. Aunque siga sin comprender a los ingleses, aunque me horrorice su forma de vida.
Y además tiene recompensa: las próximas letras las escribiré ya a pie de tumbona.


24 may. 2013

Con piedras en los bolsillos

Se acerca junio y seguimos temblando. El año, cronológicamente hablando, avanza. La temperatura, sin embargo, va por libre. Un vendaval que acentúa los ocho grados y los rebaja a una sensación térmica de seis, lleva golpeando Bristol sin piedad durante un par de días. Tampoco falta el granizo. Mi trayecto al centro en bici y la compra se han convertido en una aventura arriesgada. He llegado a casa maldiciendo e implorando al verano que si no quiere venir, al menos mande de una vez a la escaqueada primavera.
Mientras tanto las calles ya bullen de hispano-parlantes, el aeropuerto por fin se ha dignado a emitir anuncios en español, Ryanair se está haciendo de oro y los albergues siguen colgando el cartel de completo día sí y día también. Estamos muy lejos de ser algo exótico, si es que alguna vez lo fuimos.
Y en medio de esta maraña de nacionalidades (no hay que olvidar que árabes, polacos e indios son también legión), el Primer Ministro británico David Cameron, marca 2014 en el calendario como el año para encauzar un sistema que él mismo considera "fuera de control". La vivienda, la salud pública y los subsidios dejarán de estar al alcance de todos (esto me suena de algo) para pasar a ser privilegios.
Me imagino el asombro que deben sufrir los políticos cuando revisan las cifras de inmigrantes. Un país de clima hostil, con poca calidad de vida y que se caracteriza por ir contracorriente, es hoy el objeto de deseo (con permiso de Alemania) de jóvenes y no tan jóvenes de toda Europa. No querías caldo, pues toma dos tazas.
En su defensa es justo destacar el elevado nivel tolerancia, en todos los aspectos, que se respira en este país donde la mezcla de culturas y etnias está no solo asumida, si no totalmente normalizada. Pero la llegada de la consabida crisis ha puesto a los británicos en un aprieto comprensible.
Si bien es cierto que siempre hay quien aterriza con la intención de buscarle las vueltas a un sistema sobreprotector e indulgente con los 'benefits', la mayoría no viene con otra intención que buscarse la vida y arreglarse con cualquier trabajo muy, pero que muy alejado de su especialización.
No es exagerado decir que por ejemplo, ahora mismo, los españoles sustentan en Bristol gran parte del sector servicios y se ocupan de trabajos que muchos británicos, tirados en el sofá al amparo de esas ayudas que ahora Cameron quiere reducir, no quieren realizar.
Así las cosas, ¿es la mejor idea dificultar la vida aún más a aquellos que engrasan la maquinaria de la hostelería o las fábricas y que gastan su sueldo íntegro en el país?, ¿No sería mejor alentar a los ingleses a buscar un empleo mediante una reducción justa de las ayudas o un mayor control de éstas?.
La respuesta, al menos para mí, no es tan obvia y si bien rechazo por supuesto, todo tipo de discriminación y veto, también entiendo la situación peliaguda del receptor.
Para terminar con ese toque hortera que sólo ellos saben poner a todo, diré que esta semana estoy de enhorabuena.Y es que ya estoy más cerca de mi hogar.  El canal de televisión ITV4 lanza a su parrilla el que está llamado a ser su gran éxito del verano: 'The only way is Marbella'. Playa, sol, rubias, dinero y mucho, pero mucho guiri borracho. Porque después de todo, hay cosas que nunca cambian.




22 abr. 2013

Siesta, paella, gitanillas encima de la televisión y un país llamado Cataluña

No hay manera. He decidido dejar de luchar contra los tópicos acerca de los españoles. Qué demonios, si así parecemos mucho más interesantes de lo que somos. Ahora ya, cuando me hablan sobre nuestro estilo de vida no me cabreo, si no que me echo a reír imaginando la visión que tienen de nosotros. Según he podido resumir de mis múltiples testimonios con personas de todo tipo de nacionalidades vivimos en un paraíso con 40 grados constantes (lo mismo da enero que julio),tomamos paella para desayunar y almorzar, hacemos copiosas cenas de ardua preparación y lo más importante, nuestro horario laboral  no empieza antes de las diez de la mañana y a las dos está más que finalizado en beneficio de un intenso almuerzo y una obligatoria siesta. Llegada la tarde, nos dedicamos a ir a la playa, salir de fiesta y cerrar los bares. De lunes a lunes. Olé por nosotros.
Con esta imagen no me extraña que los pobres británicos, que creen que la palabra 'summer' es un error del diccionario, se pasen la vida tratando de ahorrar para ir a visitar España. Especialmente llamativo es el tema de la siesta. Ellos creen que para nosotros es un descanso absolutamente inquebrantable y he llegado a oir de un 'manager', que se niega a contratar españoles porque "tienen esa costumbre de la siesta y quieren irse a dormir a mediodía" así como que "nunca jamás puedes llamar a un español a eso de las tres de la tarde porque estará durmiendo y se cabreará mucho". Al principio intentaba explicarles que es algo ocasional, que se hace durante vacaciones o de vez en cuando si tienes la desgracia de tener un turno partido de esos eternos, que te hace seguir trabajando a horas en las que ellos ya están durmiendo. Ya he desistido.
Por otra parte, no son pocas las veces que me han preguntado qué hacía aún en las calles si eran ya las siete de la tarde y debía estar cocinando la cena. Al principio no les entendía. Luego averigüe que como toda española decente debía pasar una media de dos horas en la cocina para elaborar una pesada cena tipo Nochebuena, pero a diario. "No entiendo como los españoles no estáis gordos cenando así" me decía una compañera mientras día tras día me pregunta qué voy a cenar esa noche. Cuando le hablo simplemente de fruta, cereales o una tortilla me mira como si fuese impropia de mi nacionalidad.
Otra curiosidad llega cuando hablan de Cataluña. Y en este punto, he de reconocer que los catalanes hacen  una propaganda impagable. Desconozco si por cuestión de precios o gustos, muchos británicos o europeos en general, han visitado Cataluña. Y no sabía yo hasta qué punto les ha calado el mensaje a los extranjeros de que "ellos" no son España. Me han llegado a decir que "he estado en Cataluña pero ya se que eso no es España, que son distintos y que a ellos no les gusta la gente del sur" (y aquí me abstengo de opinar o acabamos mal) o bien que " lo más cerca que estuve fue en esa zona que está apartada y que tiene otro idioma y quiero visitar el resto porque me han dicho que no tiene nada que ver".
En favor de nuestros 'vecinos' catalanes diré que por aquí adoran Barcelona, cierto es, si bien mientras no se demuestre lo contrario, siguen siendo españoles se calcen o no el traje de faralaes.
Y mientras sigo descubriendo más de lo que nunca quise saber sobre mi propio país, la primavera ha llegado a Bristol. No es para emocionarse tampoco, una media de 8-11 grados y un 80% de nublados, pero aún así anochece entradas las nueve de la noche y se puede caminar sin gorro. Unos pequeños lujos que nunca pensé que valoraría tanto.

30 mar. 2013

¿Dónde estás primavera?


Abril a la vuelta de la esquina y por aquí ni los pajarillos cantan, ni las nubes se levantan. De hecho, empiezo a sospechar que el cielo es de atrezzo. Ya me imagino a los comerciantes del omnipresente 'Poundland' tratando con el Gobierno británico, “se lo dejo barato oiga, nublados garantizados 364 días al año por una libra el metro cuadrado”. Me queda averiguar por qué les hicieron esa faena a los residentes nacionales, pero es solo cuestión de tiempo. Esta mañana bajaba hacia la parada apurada cuando un entrañable viejete con ganas de conversación me detuvo a la órden de “It is cold, isn,t it?”. Acto seguido me empezó a narrar como a las siete de la mañana brilló unos minutos el sol tras lo cual a punto estuvo de calzarse las bermudas, si bien a estas horas (léase diez de la mañana), se hallaba de nuevo embutido en abrigos y guantes. Tras la inevitable charla y el lamento común por las temperaturas seguí hacia la parada pensando, una vez más, en lo afortunada que era. En este país uno ya puede cumplir la centena, que no por ello acaba acostumbrándose a pasarse el 90% del año tiritando y sin recibir una sola caricia de sol, por no hablar de la calidad de vida de la población media en general. Y eso lo sabemos todos los que estamos aquí, pero pese a todo ello cada vez somos más. El inglés no se si lo perfeccionaremos pero el español lo llevamos de escándalo. Yo sin ir más lejos hablo ya medio gallego, tengo dejes granaínos y voy camino de obtener 'Cum Laude' en mi malagueño nativo. No me extrañaría que en breve, los ingleses se vieran obligados a aprender la lengua de Don Quijote si no quieren verse en minoría. Hay que reconocerlo: somos una plaga in crescendo. Y no es porque como dirían los populares tengamos un desmesurado espíritu aventurero, si no porque las opciones en casa son pocas o ninguna. Ese lema famoso y que reza que “no nos vamos, nos echan”, es cada día más cierto que el anterior. No conozco a un solo compatriota deseoso de permanecer en Inglaterra e imagino que ocurre lo mismo en otros países como Alemania. Señores ministros, los jóvenes españoles tienen el espíritu aventurero para viajar, crecer profesionalmente o  descubrir mundo, no para venir a fregar platos cargados con licenciaturas y doctorados ahora mismo inútiles, a sus espaldas. 

3 mar. 2013

Yo quiero ser como Allan


 Hay una película que se llama 'Quiero ser como Beckham'. Pues para qué me pregunto yo; Eso de los millones, los músculos y una esposa falta de puchero y que nunca sonríe no se me antoja para tanto. Yo quiero ser como Allan. Ese entrañable viejecillo que, sin existir, me está dando alas cada mañana en el autobús, abriéndome un claro en estos eternos días nublados. Allan tiene la friolera de cien años y decidió un buen día que no iba a dejarse ir en un triste asilo, así que emprendió la más grande aventura jamás contada. O al menos, lo fue para él. Tenía poco que perder y mucho que intentar. Afortunadamente, me quedan muchas páginas por descubrir pero este 'abuelete' ya me ha hecho sonreir en varias ocasiones. Es la magia de la literatura, transportarte a mundos creados al antojo de tu imaginación. Hacen falta muchos Allan en este mundo. Hay personas que no son capaces de saltar una ventana y huir. Ni con 20 ni con 100 años. Y así nos va. Hoy, mi compañera me hablaba de cómo lleva tres años “sin vivir, sólo existiendo”, en virtud de la tiranía de una jefa que solo ve números y no personas, en una compañía internacional que se hace de oro a fuerza de 'humanoides' que nunca se deciden a pegar ese salto. Que soportan estoicamente un trato injusto, unas condiciones de pena y que se dejan casi anular por un sistema que solo entiende de beneficios. Me imagino a Allan frente a la sucursal de ese sitio o de cualquier otro similar. Apedreando los cristales, encerrando en la cámara frigorífica a la 'manager' y dejando como firma su dentadura postiza olvidada. Genio y figura hasta la cercana sepultura.
Por fortuna hay otros que deciden dar el paso adelante. Homenajeo en estas líneas a otro de mis compañeros que, tras varias semanas siendo maltratado por un impresentable que se regodeaba de representar a una de las empresas con más renombre de la hostelería inglesa, ha “soltado el mandilón” como él dice y les ha dejado claro que no pasa por el aro.
Pues va este texto va por ellos, por Allan y por los que como él eligen vivir y no sobrevivir.

13 feb. 2013

Con Diógenes a cuestas

Más contenta que unas castañuelas. Así me encuentro con mi billete recién comprado para la próxima escapada a Málaga. Entre medias y para soportar tanto nublado, sigo peleándome con este país al que ya he perdido la esperanza de encontrarle la gracia. En el apartado higiene inglesa cabría desarrollar una biblia pero, como no quiero granjearme más enemigos que los justos, voy a centrarme en los residuos urbanos. Vamos, en la basura de toda la vida. Y en este punto no pueden culparme. Que yo empecé con muy buen pie y mejores intenciones. Visité la página web del 'Bristol British Council', copié el listado de reciclaje, lo traduje para mis compañeros, pegué el folio en la puerta y me metí de lleno en el mundo de la separación de residuos.
Pero no hay manera. Las tres primeras semanas y por razones que aún desconocemos, el basurero obvió nuestro jardín mientras que mis conversaciones con el responsable vía mail no dejaban de parecer de besugos. "Debéis estar haciendo algo mal, las cajas están en la posición correcta?". Hombre señor, pues ahí me pilla usted, las cajas están sobre la acera como las de todos los vecinos. "Y hay algo de basura en los laterales?, porque si dejáis algo fuera tampoco lo recogen". Llevan tres semanas sin venir, algo desbordados si que estamos.... "Pues si tenéis tanta basura ya habría que llamar a un equipo especial". Me eché a temblar, ya me veía a los Marshall aterrizando en el patio.
Me entraron ganas de decirle que no somos ingleses, que no tendemos a tener la casa como ellos y que con un basurero al uso nos bastaba. Pero claro, mejor muérdete la lengua si no quieres acabar enterrada como si padeciéses Diógenes. En honor a la verdad, he de decir que una mañana y sin saber por qué se la llevaron. Un breve respiro que no duraría mucho. Hace dos semanas recogieron una caja sí y otra no y ésta nos hemos topado con el más difícil todavía. Pese a estar todo bien colocado, separado y cerrado, algún trabajador con un mal día nos ha volcado la caja de reciclaje ( recordad que es separada poco a poco y con paciencia durante una semana) en el cubo negro para residuos de comida (cerrada en bolsas negras, que de otro color tampoco les valen) que tampoco han vaciado. Así las cosas, ahora tenemos un enorme contenedor vertical con todos los tetrabriks, latas, plásticos, cartones etc...amontonados con huesos, pieles de fruta, restos de filete... en fin, una ensalada de cuidado. Nuestra cara ha sido un poema. Tres españoles en pijama y con cara de póker mirando el atestado cubo y maldiciendo la bandera roji-azul.  Pero tenemos un lema: no van a poder con nosotros.

27 ene. 2013

Las moscas del Diablo y el Gangnam Style


Dicen que cuando el Diablo se aburre, mata moscas con el rabo. Pues no puedo asegurarlo. Pero un grupo de emigrados aburridos no le irían a la zaga. Ha querido salir el sol un rato, pero en la misma mañana hemos visto diluviar y granizar de manera violenta. Y ante tal domingo rutinario ha vuelto a salir el tema estrella: nunca nos acostumbraríamos a vivir aquí.
Un cruce dialéctico condenado a no tener fin ni vencidos y que se sobrelleva gracias a las risas y el ánimo que le ponen, unos más que otros. (Yo, lo confieso, depende del día pero últimamente no contéis conmigo). De momento, me he marcado un objetivo a corto plazo: ser las más 'lovely' entre las 'lovelys' en mi nuevo trabajo y traducir tanta sonrisa a libras para darme el capricho de viajar a casa lo antes posible. Por poco que haga que haya vuelto. No se si tiene mucho sentido, pero no me sobra la fuerza de voluntad últimamente. Entre los nuestros hay opiniones para todos los gustos, desde la de 'me voy ya' hasta el de 'no me veo yéndome'. Y así, nos vamos sosteniendo unos a otros. Para convertir en aventura lo que a veces no es más que una faena. (Ya he avisado, no es mi semana).
En el clásico apartado 'burocracia', hemos estado estos días entretenidos con las amenazas de la televisión nacional de hacernos una investigación ante la sospecha de que estemos viendo la tele, sin abonar el canon que hace de la BBC lo que todos conocemos. No digo yo que no haya que colaborar, pero lo de entrar amenazando de entrada y cuando uno no tiene ni aparato de recepción en casa, pues no gusta. Eso en nuestro caso, que otros sufridos amigos, debido a la incomprensión del idioma y del sistema, van ya por la tercera advertencia plasmada en un sobre que les avisa de que 'warning', que la investigación está ya en marcha. Cada día entiendo menos cosas. Pero qué se puede esperar de un mundo en el que triunfa un chino 'kudeiro' regordete con gafas imposibles y un baile de epiléptico.

20 ene. 2013

Sin hielo, por favor

 Tras las navidades más ocupadas en mucho tiempo y un viaje a España donde agoté las reservas de croquetas caseras, mejillones rellenos y pucheros varios, era hora de volver a mi fría realidad. Porque frío es en todo lo que puedo pensar últimamente. Es curioso como el ser humano se adapta a las circunstancias y como mis convecinos siguen luciendo piernas o montando en bici entre las heladas, pero mis genes debieron perderse en ese punto de la evolución y deciden hibernar cual oso. Resumiendo, que voy lenta y tardía en mi día a día. Pero a veces afortunadamente sucede algo que te despierta la ilusión y para ello, nada como levantarte con una estampa de postal a la que se está poco acostumbrado. Una intensa nevada nos dio los buenos días y nos lanzó a la calle como si no pasáramos de los diez años. Sin transporte público, llegar al centro supuso una aventura en la que sortear cúmulos de nieve, zonas heladas y árboles convertidos en impresionantes cascadas blancas. Como un regalo de navidad tardío. Por unas horas dejas de acordarte de lo poco que comprendes el estilo de vida inglés, su estética difícil de ver y su enfermiza fijación con las referencias (absteneros de venir a trabajar si tenéis ni una mísera multa de tráfico o vuestro tatarabuelo robó una oveja a su vecino de finca) y les concedes una tregua.
Un respiro ocioso con el que tomar fuerzas y soportar días como el de hoy, con una máxima de -2 grados. Demasiado para una que adora vivir en Andalucía. En el lado bueno, una vez más, todos los que están en la misma situación. La última adquisición de nuestro grupo, 'Bristolianos', ha sido un futuro Doctor en químicas becado por Bristol y una arquitecta técnica a patadas con el idioma. Anoche celebramos otro cumpleaños donde no faltó la empanada gallega y el chorizo patrio. Y mientras, sigo sin ni mirar los periódicos nacionales. Me basta con los ecos que llegan de todas partes. No quiero enterarme de más noticias que nos hierven la sangre. Ojos que no leen, corazón que no siente.