3 mar. 2013

Yo quiero ser como Allan


 Hay una película que se llama 'Quiero ser como Beckham'. Pues para qué me pregunto yo; Eso de los millones, los músculos y una esposa falta de puchero y que nunca sonríe no se me antoja para tanto. Yo quiero ser como Allan. Ese entrañable viejecillo que, sin existir, me está dando alas cada mañana en el autobús, abriéndome un claro en estos eternos días nublados. Allan tiene la friolera de cien años y decidió un buen día que no iba a dejarse ir en un triste asilo, así que emprendió la más grande aventura jamás contada. O al menos, lo fue para él. Tenía poco que perder y mucho que intentar. Afortunadamente, me quedan muchas páginas por descubrir pero este 'abuelete' ya me ha hecho sonreir en varias ocasiones. Es la magia de la literatura, transportarte a mundos creados al antojo de tu imaginación. Hacen falta muchos Allan en este mundo. Hay personas que no son capaces de saltar una ventana y huir. Ni con 20 ni con 100 años. Y así nos va. Hoy, mi compañera me hablaba de cómo lleva tres años “sin vivir, sólo existiendo”, en virtud de la tiranía de una jefa que solo ve números y no personas, en una compañía internacional que se hace de oro a fuerza de 'humanoides' que nunca se deciden a pegar ese salto. Que soportan estoicamente un trato injusto, unas condiciones de pena y que se dejan casi anular por un sistema que solo entiende de beneficios. Me imagino a Allan frente a la sucursal de ese sitio o de cualquier otro similar. Apedreando los cristales, encerrando en la cámara frigorífica a la 'manager' y dejando como firma su dentadura postiza olvidada. Genio y figura hasta la cercana sepultura.
Por fortuna hay otros que deciden dar el paso adelante. Homenajeo en estas líneas a otro de mis compañeros que, tras varias semanas siendo maltratado por un impresentable que se regodeaba de representar a una de las empresas con más renombre de la hostelería inglesa, ha “soltado el mandilón” como él dice y les ha dejado claro que no pasa por el aro.
Pues va este texto va por ellos, por Allan y por los que como él eligen vivir y no sobrevivir.

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