1 feb. 2011

Hasta que nos volvamos a encontrar, Marbella

Comienzo este blog a instancias de una querida amiga. Quizás sea un buen momento para ello. Cierro una etapa y dejar constancia de esto a través de la escritura es siempre una buena opción para no volver a caer en errores pasados. A escasos días de coger un avión que me lleva a Bristol (Inglaterra), rememoro con una sonrisa los años que he pasado dedicándome por entero al periodismo. He hecho excelentes amigos, tengo anécdotas de todo tipo y no eran pocos los días en los que ante una actualidad convulsa y muchas veces surrealista, mis compañeros y yo reíamos hasta que nos dolía el estómago. Las prisas, el exceso de horas, el escueto sueldo y el poco reconocimiento, no hacen mella cuando apenas pasas los 20 años y tienes a tu lado tantos y tantos que están en tu misma situación. Es una profesión que me ha dado mucho. El orgullo de ver tu enfoque de un determinado acontecimiento plasmado en un periódico, local, regional o nacional, el cosquilleo de conseguir ese dato que persigues hace días, la oportunidad de conocer gente que de otra manera, difícilmente tratarías.
La cara B del periodismo es sin embargo, cruda. Unos salarios irrisorios, que te impiden llegar a independizarte en algún año no muy lejano, unas condiciones horarias que difícilmente compatibilizan con una vida familiar y social más allá de la propia entre compañeros…y para colmo, nos llegó la crisis. Y en ella estoy, como todos.
Sigo con las ganas de correr detrás de la noticia porque es algo que llevo en la sangre, de escuchar el ajetreo de una redacción a las cinco de la tarde…pero va a tener que esperar. Con un mercado saturado y viendo que en principio, la cosa va para largo hago las maletas y me dirijo a un país que se me antoja frío y muy distinto, pero que supondrá un soplo de aire fresco (helado, más bien) en esta ya insoportable rutina. Suele decirse que los cambios siempre son para mejor. No voy a dudarlo y menos llegando a las puertas de la Navidad.

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