1 mar. 2011

El arroz, para las paellas



Pues con ambos pies de nuevo en España y dado que Marbella no creo que pueda sorprenderme ya mucho, tendré que esforzarme por encontrar temas que me sugieran unas letras, más allá de las consabidas puestas de sol bajo un calmado mar y el monótono paseo marítimo con sus verdes árboles.
Ayer paseaba por el centro aprovechando los rayos de sol cuándo me encontré a una conocida, de éstas que a veces te saludan y a veces no, en función del pie con el que se levante, supongo. Me dice tras unas preguntas de cortesía, que va a casarse. Supongo que debió verme la cara porque me dijo: “no te alegras?”. Yo reaccioné más tarde que pronto y la felicité interesándome por la identidad del afortunado. Me despedí y seguí paseando. En realidad había tenido ganas de darle el pésame. No por el novio, que como ya he dicho no conozco, si no por incrementar de esa manera tan inconsciente las posibilidades de ser infelices para siempre. ¿Que hay matrimonios muy felices? Pues como dicen por Galicia, haberlos, haylos. Pero apuesto algo, a que igual de felices serían sin papeleo de por medio.
El matrimonio hoy día está sobrevalorado, si uno quiere un fiestón y una buena tarta en homenaje al amor pues bienvenido sea, pero celebrar una ceremonia que te ata y te complica la vida…eso es otro cantar. Son completamente inevitables las futuras disputas sobre qué es mío y tuyo, sobre que el regalo de tu suegra ha sido muy caro o que preferirías no ir a cenar con esos primos lejanos que apenas conoces en lugar de irte con tus amigas de fiesta….
Creo que las bodas siguen celebrándose por esa necesidad que sentimos de tener al otro ‘controlado’. Otra tontería, si el individu@ en cuestión va a engañarte en algo lo hará igualmente, sólo que con más dificultades y si te va a dejar lo hará también, pero de una manera harto más larga, complicada y dolorosa.
No le veo desventajas sin embargo a una convivencia o relación sin documentos de por medio, uno se siente más libre para actuar, cualquier regalo o detalle es una acto generoso y no impuesto y no se corre el riesgo de acabar actuando sólo como el otro y sus allegados esperan que se actúe. Se continúa manteniendo cierta parcela de libertad que no hace si no fortalecer la relación si ésta va bien y hacer más sencilla la ruptura si el amor ha desaparecido.
Por eso opino que el arroz, mejor para las paellas.

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