16 mar. 2011

Grandes inventos I: El transporte de la alegría

Dado que lo de encontrar trabajo se ha convertido ya en una tarea más complicada que la búsqueda del Santo Grial, sigo teniendo bastante tiempo para reflexionar sobre las grandes estupideces que soportamos los humanos. Y hoy me ha venido a la mente una más. Durante todo el día he cogido alrededor de seis metros para ir a varios puntos de Madrid y como no me manejo aún muy bien, pues he descartado ir caminando, aunque estoy segura que podría haber hecho a pie varios de los trayectos. Yo pensaba que a mi me gustaba tan poquito el metro por mi fobia a las aglomeraciones, los espacios cerrados y en general a toda cantidad ingente de humanidad hacinada en un tubo que se desplaza a velocidad de vértigo y a decenas de metros bajo tierra. Pero para mi alegría, ya me creía un bicho raro, he descubierto que la mayoría de la gente piensa lo mismo. ¿ O acaso habéis visto a alguién reírse dentro de un metro?, es más...¿los habéis visto siquiera sonreír?. No. La gente baja al metro como el que va al matadero, cabizbaja, seria, sin vida. Una vez dentro, parece que a todos les dijeran que su suegra va a irse a vivir con ellos indefinidamente.El rostro de los viajeros se torna tan apático y silencioso que cuesta mucho discernir alguna palabra. Son como máquinas desplazadas por otra máquina mayor. En el último que tomé hoy (seis de la tarde, lleno) se produjeron dos breves paradas al margen de las previstas. No se oía ni a los niños llorar o jugar. Si hubiese dicho mi nombre en alto, el sonido de éste se hubiera propagado varios vagones atrás.
Creo además que si en ese momento una raza alienígena grabase imágenes de nuestro comportamiento, no podría llegar a otra conclusión excepto la de que la gente metida en ese 'tubo' posee depresión profunda.
Pero señores, no se confundan pese a las apariencias, pues el metro es otro de esos grandes inventos de la humanidad hechos por y para mejorar nuestra calidad de vida. Y cómo discutir eso, llegas a tiempo al trabajo y no cabreas al jefe, te ahorras ver el cielo que cuando llueve es muy desagradable, coges un bronceado luz de neón adorable ,disfrutas del magnífico silencio intravagonal....una gozada.
Entre metro y metro también he tenido tiempo para almorzar con una amiga. Ella procede de un pequeño pueblo de Extremadura donde el transporte de la alegría, las prisas, el hacinamiento y las luces de neón apenas si las ven en televisión y me comentaba que, aunque ha tenido que venirse a trabajar a la capital, echa mucho de menos la calidad de vida del pueblo.Trabaja, se desplaza bajo tierra, llega a casa, cena, se acuesta. Bis. Y rezando porque mantenga el trabajo, que la hipoteca no perdona. No la culpo, hemos creado un sistema en que la única forma de salir adelante es ésa. Curiosamente y a diario en las grandes ciudades utilizas miles de geniales avances creados para el ciudadano de a pie y que no hacen si no menguar tu calidad de vida, ésa que irónicamente persigues.Y claro, así se nos va hasta la sonrisa.

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo. Y eso que me encanta el metro como medio de transporte, pero a veces uno no puede evitar sentirse un poco como "ganado".

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