29 abr. 2011

Boda en la redacción

Por mucha igualdad de género que logremos, hombre y mujeres continuaremos siendo distintos en muchas cosas. Y menos mal, por otra parte, que si no qué aburrimiento. La archifamosa boda de William y Kate me ha pillado en la redacción y en día de cierre. Ésto, no obstante, no ha sido impedimento para que la chica de recepción nos haya llamado con un “ahí llega la novia!”, una llamada de la selva a lo que todas las mujeres, sin excepción, hemos acudido corriendo, para plantarnos delante del plasma colgado en la pared. Desde la auxiliar hasta las directoras, nadie quería dejarlo pasar. En realidad, es de esas cosas que ni te van ni te vienen mucho pero oye, un cotilleo es un cotilleo. Opiniones sobre el vestido, comparaciones con la fallecida Lady Di, sobre la cantidad de público que veía el acontecimiento en directo y picoteo de gominolas formaban una escena estereotípica que ha interrumpido la entrada de un jefe a la recepción. Ha mirado asombrado y ha dicho ¿qué ocurre?, para seguir con un…"qué susto me habéis dado, creía que había un atentado o algo así!!".
Ni un sólo chico (creo que alguno ha tenido ganas, pero no se ha atrevido) ha acudido a nuestro corrillo marujil que se ha alargado unos quince minutos, para al final no poder ver el ‘sí quiero’ ya que el recorrido de Kate (permitidme que la tuteé) ha sido de lo más pesado.
Al volver a nuestros puestos los chicos han comentado lo típico: “es increíble”, “menuda ridiculez” y otra sarta de opiniones masculinas habituales ante este tipo de acontecimientos. Yo he replicado a éstas con otro clásico: “pues anda que vosotros, que os volvéis locos por once tíos detrás de un balón”. Tema sagrado. “Es que eso es deporte, no, no sólo deporte, es un espectáculo!”-ha sido la respuesta.
Y así hubiéramos podido seguir horas. Son batallas dialécticas condenadas a no ser vencidas nunca. Y entre nosotros…si yo estuviera de acuerdo con ellos, tampoco lo admitiría.  Es que hay tradiciones que no deben perderse. Pues hala, qué vivan los novios!!.

26 abr. 2011

La verdadera operación bikini

Tengo la convicción de que casi todo en este mundo es relativo. No entiendo como la gente puede afirmar o negar la mayoría de las cosas con tanta vehemencia y basándose, la mayoría de las veces, en el más amplio desconocimiento. Y relativa también es la belleza. Llega el verano y allá que vamos la población femenina a tratar de parecernos a los maniquíes de las revistas. Nos comen el coco. Y de qué manera. Si una enfermedad se da en el 2% de la gente se la llama ‘rara’ u ‘excepcional’ mientras que las mujeres nos empeñamos en que pese a que el 98% de nosotras tenemos celulitis eso no es lo normal…
No es tarea fácil lo de la operación bikini. Ve cogiendo moreno a la mínima que salga el sol y aprovecha para mirar a éste hasta cuando esperas el autobús, invierte medio sueldo (si lo tienes) en anticelulíticos de última generación que en el mejor de los casos sólo disminuirán tu flacidez unos meses, haz deporte siempre que tengas un rato libre, come sano…qué estrés!!.
Pero reconozco que, pese a la estupidez del asunto, hay un complot mundial contra el que es muy difícil luchar. Entras en una tienda, con tu autoestima habitual, la media vamos. Ni eres una ballena varada ni eres la Schiffer. Coges un pantalón de dos tallas distintas rezando porque te quepa la menor, que si no se te agua la tarde y tienes que renunciar a ese helado triple chocolate al que le habías echado el ojo previamente. Te miras y bufff…ese primer día de probadores antes de la época estival es matador. Estás pálida, por muchos autobuses que hayas cogido, blandurria porque lo de ir al gimnasio se quedó en un propósito de año nuevo y para colmo tu piel alterna las zonas ultrasecas y escamadas con aquellas que tienen acné pese a que has cumplido 30 años. Y justo en ese momento te viene a la mente esa portada del ‘Vogue’ en la que una chica de cintura minúscula, generosos pechos y piernas interminables sonríe como si nunca hubiera pasado hambre.
Tienes dos opciones: o salir corriendo del probador y refugiar tus imperfecciones bajo un burka durante todo el verano o ponerte esos shorts salir a pasear y sonreír muy a gusto, porque en eso ganas a la escuálida del ‘Vogue’. Porque tú no has pasado hambre, ni vas a pasarla.

Frases que conviene no olvidar

-Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho, no se nos presentan hasta que ya es demasiado tarde.
-La verdad es eterna; el conocimiento, cambiante. Confundirlos resulta desastroso.
-La verdad es la única herramienta con que cuentas para que las personas te conozcan como realmente eres, si no la usas no eres nadie.
-Nunca hagas o dejes de hacer algo por miedo.
-Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado.
-La distancia no es cuanto nos separemos, la distancia es si no volvemos.
-La amistad no se agradece, se corresponde.
-Nunca conserva firmes amistades quien sólo atento va a sus pretensiones.

24 abr. 2011

Muchimillonaria

No pretendo que este post quede gracioso, ni gramaticalmente impecable.Quiero que quede agradecido. Porque sobre ello trata. Una amiga acaba de mandar, vía red social, un mensaje global para decir que lo pasó muy bien en nuestro último encuentro. Como en tantas ocasiones, algunos de mis amigos nos reunimos para festejar un cumpleaños y la tarde se alargó durante horas y horas, entre risas y anécdotas. Siempre lo he sabido, pero cada año que pasa soy más consciente. En términos de amistad, soy muchimillonaria. Como todos he pasado baches, malas experiencias y dificultades y todos ellos, mis amigos, han estado ahí con el mismo entusiasmo que si de la mayor fiesta se tratase. Me han ofrecido su apoyo, su hombro, su casa y todo lo que haya necesitado y siempre lo han hecho sin esperar nada a cambio, sin reproche alguno si me equivocaba, con una sonrisa que decía "aquí estamos". No dejamos de interesarnos los unos por los otros, seguimos llamándonos en las épocas más ocupadas y en las menos, seguimos compartiendo horas y horas físicas por más distancia que se interponga. No os nombro por cuestiones de intimidad (con la que algunos sois muy recelosos) y por si mi memoria me la juega y me dejase a alguién (que no creo). Puede sonar cursi pero cuando dudo de todo, ellos son un punto al que recurro para recordarme que,afortunadamente, hay gente estupenda por este mundo y que, increíblemente, yo he tenido la suerte de toparme con muchos de ellos. No creo que todo el mundo pueda decir lo mismo y por ello me siento muy, muy afortunada.

18 abr. 2011

La montaña y yo

A veces se me meten ideas ilógicas en la cabeza y se de antemano que debería anular algún plan. Pero qué queréis que os diga, por alguna razón me lanzo a ello pensando en que quizás me equivoque. Y ayer fue uno de esos días. Tras un horrible viaje en autobús de 700 kilómetros, atestado de gente y con una única parada en un pueblo de Córdoba con aroma 'eau de Oliva extra fuerte' y bofetada de 30 grados, pues llegué a casa. Entré por la puerta mareada como una peonza (añado que me tocó viajar detrás del todo) y con apenas fuerzas,dada mi endeble salud de las últimas semanas, ni para ducharme. Pero allá que va ella. Que a mi me dijeron que lo hacer deporte va muy bien para el coco y no voy a dejarlo así me caiga redonda...
Ocho de la mañana del día siguiente y allí me tienes equipada con mis trekkings y esperando al bus y a sus impagables monitores a los que gusto de poner a prueba de vez en cuando... como me inscribí sin apenas saber ni dónde iba, pues no me enteré de aquello de que subir a La Concha no iba muy bien para los que tenemos vértigo.
Vaya hombre, la cosa va mejorando. Apenas me tengo en pie,aún estoy mareada de las curvas de Despeñaperros y ahora ésto....
No puedo decir que lo pasara muy bien, de hecho a 300 metros de la cumbre los monitores me dejaron walkie-talkie en mano, para seguir con el grupo mientras yo,envuelta en un enorme chubasquero naranja que cerré hasta el gorro debido al frío que hacía allí arriba, almorzaba mi sandwich sóla mientras veía al grupo alcanzar la cima. Una ventaja tuvo: las vistas de Marbella y la Costa eran espectáculares y la paz de ese rato no pudo disfrutarla nadie más. Mi atrevimiento tuvo su recompensa.
Para bajar seguí con mi táctica de mirar al suelo e ir cogida de la mano del ya citado paciente monitor que iba cerrando el grupo junto con otra mujer poco entrenada y menos adecuadamente vestida para la ocasión.
Y...lo conseguí! llegué al autobús (tampoco es que tuviera opción, lo de bajar en helicóptero iba a dar mucho la nota...)y posteriormente a casa para tomarme dos pastillas y meterme en la cama.
Aún así he de decir que funciona. Prueba de ello es que en lugar de aburrirme, esta mañana estoy aquí tecleando mi anécdota y tan cansada que no me importa ni que haya salido nublado y esté lloviendo....de lo que deduzco que,efectivamente, moverse compensa.

11 abr. 2011

'Donuts' empapados en alcohol

Hace días escuché en el informativo, que las campañas de prevención del alcoholismo en las escuelas iban a rebajarse a los 10 años. Llevo dándole vueltas desde entonces y viendo el panorama, creo que debo estar agradecida por tener un organismo tan intolerante con todo lo que suponga deterioro físico (excluyo de ello mi adicción a los dulces…). Quizás por esto me sea tan difícil de entender. Con diez años lo único que yo atacaba de dos en dos eran los ‘colacaos’ y los ‘donuts’ mientras que parece que los niños de hoy día se decantan más por un ‘Sex on the beach’. La sensación de emborracharse nunca me ha resultado agradable. He llegado a caerme en plena Nochevieja al suelo por la simple ingesta de un chupito (en mi vergonzosa defensa diré que era de color azul..) y el mareo, las naúseas y el mal cuerpo general que se te queda tras una noche ‘alcohólica’ no me parecen algo a lo que ‘engancharse’. No es que pretenda yo hacer bandera de la vida puritana y sin excesos pero sin duda, algo está fallando cuándo críos de cuarto de primaria buscan a escondidas realizar su primer ‘botellón’, en lugar de ir corriendo al kiosco a por una bolsa de ‘chuches’. Las etapas de la vida están para vivirlas a su ritmo, saborearlas y experimentarlas, pero cada cosa, hasta las borracheras, tienen su edad. Parece una de esas frases con la que tanto te han bombardeado tus padres y a la que hacías poco caso, si bien todo tiene un límite. Y los diez años son para ver ‘los pitufos’ y merendar pan con chocolate.Y eso, no debería cambiar nunca.