26 abr. 2011

La verdadera operación bikini

Tengo la convicción de que casi todo en este mundo es relativo. No entiendo como la gente puede afirmar o negar la mayoría de las cosas con tanta vehemencia y basándose, la mayoría de las veces, en el más amplio desconocimiento. Y relativa también es la belleza. Llega el verano y allá que vamos la población femenina a tratar de parecernos a los maniquíes de las revistas. Nos comen el coco. Y de qué manera. Si una enfermedad se da en el 2% de la gente se la llama ‘rara’ u ‘excepcional’ mientras que las mujeres nos empeñamos en que pese a que el 98% de nosotras tenemos celulitis eso no es lo normal…
No es tarea fácil lo de la operación bikini. Ve cogiendo moreno a la mínima que salga el sol y aprovecha para mirar a éste hasta cuando esperas el autobús, invierte medio sueldo (si lo tienes) en anticelulíticos de última generación que en el mejor de los casos sólo disminuirán tu flacidez unos meses, haz deporte siempre que tengas un rato libre, come sano…qué estrés!!.
Pero reconozco que, pese a la estupidez del asunto, hay un complot mundial contra el que es muy difícil luchar. Entras en una tienda, con tu autoestima habitual, la media vamos. Ni eres una ballena varada ni eres la Schiffer. Coges un pantalón de dos tallas distintas rezando porque te quepa la menor, que si no se te agua la tarde y tienes que renunciar a ese helado triple chocolate al que le habías echado el ojo previamente. Te miras y bufff…ese primer día de probadores antes de la época estival es matador. Estás pálida, por muchos autobuses que hayas cogido, blandurria porque lo de ir al gimnasio se quedó en un propósito de año nuevo y para colmo tu piel alterna las zonas ultrasecas y escamadas con aquellas que tienen acné pese a que has cumplido 30 años. Y justo en ese momento te viene a la mente esa portada del ‘Vogue’ en la que una chica de cintura minúscula, generosos pechos y piernas interminables sonríe como si nunca hubiera pasado hambre.
Tienes dos opciones: o salir corriendo del probador y refugiar tus imperfecciones bajo un burka durante todo el verano o ponerte esos shorts salir a pasear y sonreír muy a gusto, porque en eso ganas a la escuálida del ‘Vogue’. Porque tú no has pasado hambre, ni vas a pasarla.

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