7 oct 2020

Tacones lejanos: la moda de pandemia


Nunca he sido de ir monísima de la muerte. La comodidad siempre me ha parecido un pilar básico pero aún así, me las apañaba para ir decente. Sin embargo, esto es otra de las cosas que nos ha cambiado con la pandemia y a tenor de lo que veo en mis paseos diarios diría que no sólo a mi.

Los diseñadores de moda deben estar enganchados al Tranquimazín este año. Millones de ciudadanos teletrabajando, en ERTE o directamente en paro han decidido salir del armario. O más bien pasar de él.

Con la que nos está cayendo encima, el ser humano debe pensar que tiene cosas más importantes que dedicarse a pensar en modelitos y así nos vemos. Ya nos resbala todo. 

Sin duda el pijama, la ropa deportiva y las zapatillas están viviendo su época dorada. Porque ahora la ropa de deporte nos vale para todo. Para ir al supermercado, hacer recados, visitar a la familia...nos encasquetamos el chándal en los meses de confinamiento y nos hemos quedado atrapados en él. 

Señores y señoras de todas las edades abarrotan las calles cual legión de maratonianos y enfundan sus chichas en mallas del Decathlon. Hemos creado el estilo 'casual-sport Covid-19' y hemos caído rendidos a sus ventajas. Las hay que (como yo) no recuerda la última vez que usó un sujetador tradicional, mientras que otros han cambiado los pantalones de pinzas por pantalones tres cuartos surferos.

Y no hablemos de maquillarnos...las caras lavadas se pasean ya sin complejo alguno y la última revista que hace Mercadona con su línea estética dedica cero páginas a los labiales. Han desaparecido. 

No parece que pintarse los labios para estamparlos en una mascarilla vaya a ser tendencia. 

Aún nos queda por ver como este estilismo se adapta a las navidades: en grupos reducidos, sin cotillones en las plazas, sin fiestas con amigos... ¿Quién no está mirando ya un chándal con brilli brilli?


28 sept 2020

El 'story telling' o la moda de contar historias : las relaciones modernas


Hace ya bastantes años que no escribía en este blog. Nació en la última crisis, mientras me mimetizaba con los ingleses y curiosamente he venido a resucitarlo en otra de ellas. La vida post-covid nos ha situado a todos en lugares que probablemente nunca habríamos imaginado y todo ello da para narrar muchas historias. Pensé en empezar uno nuevo, al fin y al cabo y según los gurús del marketing digital, este no es el sitio más adecuado para deslizar letras, ni me permite innovaciones técnicas...pero entonces empecé a leer.

Y me ha gustado porque yo ya llevaba mucho tiempo contando historias. Algo más madura y menos inocente a veces, pero mi alma sigue siendo la misma. Y esa persistencia en mi personalidad a pesar de los muchos pesares, me ha ganado. Pero sigamos, estamos aquí para leer historias no para escuchar mis plañiderías.

Es tanto el tiempo en secano que no sabría por donde empezar. Pero dado que este verano me ha cundido bastante en algunos aspectos sociales, voy a empezar por este titular: Estoy hasta el moño de las relaciones modernas.

No señores, no son modernas. Son egoístas, despegadas, frías y sin corazón. ¿Suena duro, no?. Pues así son. Como soltera empedernida (un saludito allá donde estés abuela, qué gran frase la tuya aquel día), una no deja de intentar conocer a alguien que (a mi juicio, faltaría más) merezca la pena.

Al principio mi lista de exigencias era muy grande. Después de varios años conociendo gente en redes sociales y en la vida real mi requisito se reduce a uno: si vas a desaparecer, dímelo.

Hemos llegado a un punto en que las relaciones, entendidas desde el compañerismo a la amistad o las románticas, duran literalmente un cuarto de hora. Nos hemos convertido en productos de usar y tirar a los que el usuario (y aquí no me incluyo, llamadme antigua pero me sigue gustando hacer las cosas bien) no ve la necesidad de comunicarle al otro que va a esfumarse a lo Houdini.

Siempre había oído de casos pero este verano, para mi asombro, lo he experimentado en tres ocasiones. No hablo de novios, ni personas que estén en tu vida hace siglos pero sí de, al fin y al cabo, seres humanos con los que has compartido más o menos momentos.

Seres humanos adultos a los que les presupones ciertos valores. Error. Y no creáis que este es un post de cabreo, es simplemente de asombro. Hemos pasado en pocas décadas del tener que morirte con la persona que te dio tu primer beso en el instituto a las técnicas virtuales más crueles de desapego.

Pues no me voy a unir a la moda. Yo voy a seguir empatizando con todo aquel que entre en mi vida y voy a hablarle a la cara de lo que espero de él o ella. La modernidad no va a convertirme en una mala persona.

Huir, esconderse y no dar la cara no es moderno. Es lo que de toda la vida se ha llamado cobardía. Por más que lo disfracemos de anglicismos molones como el 'Ghosting', 'Orbiting', 'Breadcrumbing' o todo palabro que se os ocurra acabado en ing. 

Y ahora decidme...¿Soy la única que piensa así?


 





28 oct 2015

¿Es que no somos ya suficientes fantasmas en el mundo?

Hoy me he levantado riéndome de mi misma. Ayer llegué a casa alucinada de nuevo por situaciones que ya deberían ser más que cotidianas. Pero debe ser parte de mi encanto, esa capacidad de asombro continua que nunca pierdo. Estamos a la vuelta de la esquina de una fiesta anglosajona como pocas, 'Halloween' y mientras todos los británicos corren a por sus disfraces, yo querría preguntarles ¿es que no somos ya suficientes fantasmas en el mundo?. Y por favor, antes de etiquetarme de aguafiestas veniros a conocer esta cultura unos cuantos añitos, y luego me contáis. A poco que tengáis ADN latino u español compartiréis algunas de mis opiniones.  Pero no os niego que la noche promete, si de por sí tienes espectáculo etílico garantizado cualquier día pasadas las cinco de la tarde (no os engañéis, la victoriana hora del té  ya pasó a mejor vida), imaginaros lo que puede ocurrir si se esconden bajo una máscara.... eso sí que da miedo, y mucho.
Pero mi asombro también me ha enseñado unas cuantas cosas. Siendo de natural despistadilla y olvidadiza (abstenerse de hacer comentarios los que me conocéis) sin embargo, hay enseñanzas que recordaré siempre y que podré aplicar allá  donde vaya. Se me ocurre por ejemplo un hipotético encuentro con ese señor tan majo, ese españolito relacionado (virtualmente) con los trabajadores, un tal Juan Rossell...ese para el que nunca son suficientes el número de horas de trabajo (ajenas claro), ni nunca es suficientemente bajo un salario (ajeno también, huelga decir).
Ahora y tras mi paso de cuatro años en el país de la doble moral, podría ir y decirle sin pestañear todo lo que pienso sin soltar más que una interminable listas de adjetivos positivos y encantadores. Podría decírselo además en inglés, pero dudo que me entienda. Y como con él con tantos otros....
Y es que las máscaras no conocen fronteras, así que plantaros la vuestra y pasad una divertida noche de los muertos vivientes.




24 jul 2015

Te estoy escuchando

Hoy tengo la sensación de que llevo un tiempo traicionándome a mi misma. Perdiendo mi esencia.  Es 26 de julio,  bueno eso dice el calendario, porque los doce grados y la tormenta me hacen dudarlo. El otro día lo hablaba con unos amigos, aquí te sientes como en esa serie de televisión  'Under the Dome', bajo una campana espesa, húmeda y tan difícil de llevar. Para contrarrestar el panorama me he puesto 'Canal Fiesta Radio' a modo de inyección andaluza en vena urgente,  esta vez era cuestión de vida o muerte. Mientras, recibo mensajes de mis amigos y familia. Se quejan de que se derriten, pero yo les insisto en que no hay color. Una de mis hermanas se codea estos días con Lenny Kravitz, mi prima manda fotos con Alaska y los menos glamurosos se tuestan en la playa sufriendo la gastronomía mediterránea .Qué mala vida lleváis!- les ironizo. Aquí la vida trascurre distinta, tienen mejor economía sí, ahí se acaba la cosa. Mi cuerpo está llegando a su 'expiry date' y a la mínima 'inglesada' que le hago (léase comer cualquier cosa que aquí califican como 'ready to eat', levantarme a las 4,30 de la mañana, tener la vida social de una lechuza..) se me rebela y de maneras cada vez más violentas. Creo que no me reconoce y me está dando señales de alarma para hacerme despertar. ¿Por qué ya no bailas?, ¿Por qué estás tirando a pálida en pleno verano?, ¿Dónde están los vasos de gazpacho?. Se siente cansado, timado y en baja forma. No te preocupes, body, he captado el mensaje. Como dice la canción que suena en estos momentos, "echa pa,lla, to lo malo echa pa,lla".

6 feb 2015

Apatía literaria y otros males del mundo

Mi ordenador ha vuelto, supongo que a su estilo, es decir momentáneamente e imperfecto, pero menos es nada. Las dificultades tecnológicas son solo una parte de esta apatía de letras que me invade últimamente. El cansancio es la otra mitad, aunque espero volver a la normalidad pronto ayudada de un recien adquirido cargamento más multivitaminado que Super Ratón. Lo único que podría destacar de este mes es mis múltiples y variados intentos de encontrar algo que hacer. Algo divertido,añado. Que no es que una sea la reina de la sosería,si no que el frío,la oscuridad y levantarme según el día entre las 4.30 y las 6 no ayuda mucho. Y está resultando como dicen aquí una "hard task" a pesar del empeño que le vengo poniendo. Debe ser que me falta inspiración. De hecho, en mi última visita al médico al borde del arrastre la buena señora me mandó "comer porquerías" (literalmente "eat naughty") y ni ello me ha servido de motivo para iniciar uno de mis clásicos post-protesta. Con este espíritu no me aceptarían en 'Podemos', no. (Cosa que si vosotros no tenéis claro si es buena o mala imaginaros yo que ya tomo el té de las cinco). Mientras me vuelve la musa o las vitaminas hacen su trabajo aprovecho para desearos un buen febrero. See you soon guys.

14 oct 2014

Las cicatrices de la pasión


Dice Joaquín Sabina, un hombre al que admiro profundamente, que cuando uno vive apasionadamente las cicatrices son inevitables. Y qué razón tiene, se marcan en el alma a base de cincel y te hacen preguntarte si no estarás equivocada, si plantearte las cosas más allá de lo que te dicen, evitar la condescendencia, hablar con claridad, tener algún pronto de genio o negarte a seguir lo establecido, son acciones que deberías enterrar. Te repites que te haría la vida más fácil dejar la pasión a un lado y mantener la mente fría.Y lo he intentado, pero no puedo. Soy de cicatrices profundas pero vivas y por ello acumulo experiencias con las que podría escribir un libro. En este país de familias desarraigadas lo frío y calculador está demasiado a la vista. Pero yo no quiero despego, ni frialdad, ni escalar posiciones a costa de sacrificar lo que realmente importa: vivir la vida. Porque las heridas sanan y te ayudan a aprender, mientras que quien carece de ellas no sabe lo que es estar vivo. No sabe lo que es reir hasta partirse en dos y no se ha quemado hasta estar en cenizas. ¿Y para qué vivir si no?.

28 ago 2014

Litros de sangre fresca or Pints of fresh blood

No han durado siquiera  lo que dura un amor de verano. Mis días de sol se han ido tan rápido como un helado en agosto. Tengo que recordarme constantemente en qué mes estamos y mientras mi familia me escribe y me narra agonías de cuarenta grados en plena estepa extremeña, yo batallo entre el "drizzle ", los nublados y mis inquietudes con más coraje que nunca.
Hace poco mas de una semana de mi vuelta de vacaciones y creo que, mentalmente, aún no he aterrizado. Esta vez, y ésto es algo que ya tengo comprobado es totalmente aleatorio, mi vuelo no me produjo ningún ataque de ansiedad. Nada destacable en el trayecto, salvo una representativa conversación entre los ayudantes de cabina. Mientras esperábamos para embarcar, un muchacho de origen 'malagueño profundo' se abría paso a empujones con una silla de ruedas a fuerza de "sorry" y "excuse me". En ella, una chica de unos 16 años luchaba por mantener la cabeza erguida. Aparentemente no tenia nada roto y se la veía sana. Confiando en que el pasaje no sabia español y haciendo una demostración de osadía, el chico le grito a otro apostado al final del pasillo: "No veas la fenómena pisha, le ha dado una insolación en la playa y se nos ha desmayado en el Burguer King del aeropuerto". Acabáramos, aquello no era mas que otro caso de "British a la parrilla".
Una vez en tierras inglesas he intentado volver a mis rutinas, tropezando como siempre, con múltiples dificultades en lo que al tema laboral se refiere. (¿No os aburro ya?). Durante mi estancia en Marbella me entere de que me habían rechazado de  un puesto de trabajo que podría haber desarrollado bastante bien, por mi edad. Me sorprendió oírlo, porque una tiene alma de eterna adolescente y estas cosas, inocente de mi, me dejan desconcertada.
Resignada me dije “lo ves, por eso estás en Inglaterra, esa tierra donde seas blanco, negro, verde, amarillo o vistas jeggings tienes una oportunidad”. Y aquí me planté de nuevo para seguir con mis clases de inglés especializadas en periodismo escrito y buscarme la vida confiando en un inmediato cambio. Una el ánimo no lo pierde. Antes de vacaciones había conseguido escribir un artículo para un periódico local y aunque estaba lejos de ser algo que merezca ni ser reseñado, pues era un comienzo. A mi vuelta iba a trabajar para ellos una vez a la semana, pisar mi primera redacción en UK y comenzar algo que me ilusionaba.
Pero la realidad ha sido otra. Desde el medio en cuestión me solicitaron mis datos de la Seguridad Social y mi fecha de nacimiento. La respuesta: por aquí ni te acerques, queremos “fresh blood”. Desconozco si me estaban sugiriendo que me metiese a vampira o que descuartizase a alguien, estoy en duda, pero el caso es que el cierre de sus puertas sonó mas seco que el de un ataúd.
Y entonces entendí que las injusticias no entienden de fronteras. Una vez entras en los 30 eres oficialmente, un personaje en el limbo. Tienes mucha experiencia a tus espaldas, formación y ganas, pero las empresas te hacen sentir como un pasado de rosca . Eso y que ademas pretendes cobrar, porque eso de la sangre fresca no es mas que una excusa para poder moldearte el cerebro y concienciarte de que merece la pena trabajar gratis o por un bocadillo.
Pues mis litros de sangre fresca y yo queremos deciros algo, empresas 'chupasangre'. La gente como yo, ha cruzado fronteras, echa de menos a su familia, a sus amigos, a sus parejas, a su entorno. Pero sigue luchando. Cambia el coche por la bicicleta o el autobús, el sol por la lluvia eterna y la comodidad de un hogar por techos siempre temporales. Estudia, se forma, se mueve y aprende a adaptarse a un nuevo escenario en el que, efectivamente, ya no acabas de salir de la universidad. Y todo lo hacen movidos por algo que esos directivos apoltronados en sus sillones no tienen: ilusión. Y eso es algo que no podéis quitarnos.
Y al que me lo discuta, le muerdo, que necesito renovarme para ser eternamente joven.

30 may 2014

Agárrense, que vienen curvas

Los políticos británicos llevan años intentando frenar la masiva inmigración que recibe este país. Han intentado desanimarnos con el tiempo, han cubierto de lluvia y hielo calles y hogares, han teñido de gris perpetúo sus cielos y han multiplicado los acentos del inglés para hacérnoslo aún más ininteligible. Pero hasta ahora nada les ha funcionado, seguimos viniendo en masa. Y aquí estoy yo hoy tratando de echarles una mano, que vamos siendo demasiados.
Tomen nota eminencias porque la solución es bien sencilla; una vez uno desembarca en cualquier aeropuerto británico debería enfrentarse a una galería de fotos del "antes" y "después" de al menos una treintena de sus compatriotas. En ella debe aparecer el proceso de degradación que sufre, por poner un ejemplo, el español medio desde su llegada hasta su abandono (si éste se produce) de UK.
Lo primero a destacar, para que la campaña sea efectiva, es la desaparición del tono dorado o "sun kissed" como dicen por aquí, y su sustitución por un blanco lechoso al que suelen acompañarle diversos tonos amarillos según la época del año.
A continuación vayan sustituyendo ese descuidado pero arreglado look informal que nos caracteriza, por unas bermudas estampadas a las que acompañarán sandalias con calcetines si es invierno. Tampoco está de mas la versión "chandalera" o la versión "todos los colores pegan".
Tras este susto inicial, el inmigrante ya estará pensando en salir corriendo de vuelta hacia su avión de Ryanair. Justo en ese momento deben asestarle el golpe final. Las siguiente decena de fotos debe ocuparse de la transformación más importante: la de nuestras curvas. Chica, si nunca tuviste pecho, no te preocupes, aquí lo tendrás, además de culo, cadera y barriga. Chico, si creías que lo de la barriga cervecera nunca te ocurriría a ti, aquí verás que es cuestión de un par de meses. Nice and easy.

Junto a estas fotografías acompañarán un panfleto con las diez reglas básicas de la calidad de vida británica:

1- Amarás el rebozado sobre toda las cosas.
2- Nunca mencionarás el nombre de una fruta en vano.
3- El microondas es tu mejor amigo.
4- Los chocolates y dulces, si no te los regalan, tienen un precio casi simbólico.
5- Aquello que no esté frito no es comestible.
6- Desconfía muy mucho de todo aquello que no venga en llamativos cartones de colores.
7- Para qué poner un bastón a los ancianos si los podemos apoltronar en sillas mecánicas.
8- Solo rechazarás una pinta si es porque ya llevas 12 encima.
9- Para qué emborracharte a media noche si puedes hacerlo a la hora del té.
10-La cara trasera del billete de autobús incluirá siempre un menú de Mc.Donalds por 1.99 pounds.


Espero haberles sido de ayuda, si aplican estos consejos, la estampida debería estar garantizada.

30 abr 2014

A los que se lo merecen

Hay aventuras que se extienden más de lo que nunca pensaste. Ayer abrí como cada día, la página web de Diario Sur. Uno de los titulares, pese a predecible, volvía a dejarme catatónica. Málaga llega ya a un triste 38% de desempleo. La sangría no cesa y los casos de sinvergüenzas sin escrúpulos que se aprovechan de esta situación, tampoco. Hoy tengo razones para estar muy cabreada y se me ocurre que le voy a dar la espalda a mi verano marbellí. Se me antoja que tras haber vivido dos años en este pais difícil y oscuro, sin embargo he aprendido a amar una libertad,tolerancia y diversidad que está a años luz de la que, por desgracia, tenemos hoy en España.
Hoy más que nunca comprendo a los que hacen un llamamiento a perder los papeles,a los que fruto de la rabia abogan por prenderle fuego a todo, a los que no entienden que se premie a la banca, que se deje en la calle a familias, que mi provincia, bella como pocas, esté cada vez más cerca de ser un comedor social gigante.

Aunque muchos lo nieguen. Esos muchos a los que se les llena la boca de “presuntos”, “honorabilidad”, “transparencia” y que nunca han sabido lo que es no llegar a fin de mes. Para todos vosotros y ahora que domino el inglés, cosa que ninguno de estos inútiles hace,van estas palabras: fuck you. Si no os llegan las neuronas, podéis usar el 'google translator'.

8 abr 2014

Aeropuertos, vuelos low-cost y el glamour perdido

Hubo una época en la que volar era cosa de ricos. O de ocasiones muy especiales. Pero los precios actuales nos han dejado un panorama bien distinto. El toque de glamour de antaño está cubierto hoy de muchedumbres, maletas sobrecargadas, aroma a pechuga de pavo y niños 'berreantes'. Sobre todo si viajas en 'low-cost'. Y yo de eso entiendo mucho. Tras una semana escasa en Marbella y por enésima vez, ayer me dirigí de nuevo al aeropuerto de Málaga para tomar mi ya clásico 'Ryanair' destino Bristol. Pese a los cerca de treinta grados llevaba las botas altas, forradas de pelo para más inri, porque mi equipaje de mano no daba para más y porque además sabía que me harían falta nada más pisar suelo inglés. Me vestí como pude...una mezcla entre la manga corta para no morir de asfixia hasta que despegase mi vuelo, la chaqueta colgando del brazo y calcetines extrafinos con la esperanza de aliviar el problema del calzado. Es lo que tiene viajar entre dos puntos con temperaturas tan distintas, que una no acierta nunca.
Una vez en el aeropuerto, dos horas y media antes gracias a la poca frecuencia de tránsito con la que nos sigue agraciando Portillo, me fui en busca de algo bien frío. Decidí que me merecía un granizado ya que llevaba un rato esquivando gente y maletas como si aquello fuera un mercadillo en hora punta. Era un lunes cualquiera sí, pero podría haber sido 15 de agosto. Oleadas de extranjeros achicharrados vagaban por la terminal y ocupaban hasta la última mesa y banco disponible. Lo del granizado no fue fácil. En primer lugar me dirigí a Häagen-Dazs y pese a que lo dudé debido a mi sed, decidí que no iba a regalarle a la firma siete euros por un puñado de hielo con colorantes. Mi segunda opción fue Burguer King. Cuando llegué, con las botas ya incrustadas en la piel, comprobé que la gente opinaba lo mismo que yo respecto a los precios aeroportuarios. Una cola inmensa rodeaba el establecimiento y grupos de alemanes desertaban ya desesperados sin su ansiada hamburguesa triple. Gracias a estas estampidas, en media hora tenía mi granizado en la mano. Una vez refrescada, esperé la puerta de embarque y subí al avión. Iba, como de costumbre, lleno hasta los topes. Y eso a mi me causa mucha intranquilidad. Para colmo había visto bajar a los anteriores ocupantes. Apenas el último puso el pie en tierra, nos hicieron subir. No tendrá nada que ver, pero a mi me da por humanizar al avión y pensar que el pobre 'bichejo' no ha tenido tiempo ni de enfriarse, que no debe ser bueno volar así, y que a mi pobre amigo deberían dejarlo descansar por el bien y la seguridad de todos. Se que son pensamientos irracionales, pero el miedo no entiende de lógicas.
Mientras la gente buscaba su asiento se produjo otro de los clásicos del low-cost. Poca gente factura ya equipaje y menos aún acepta la educada oferta de la compañía de bajar "libre de coste" su equipaje de mano a la bodega. El resultado es obvio: todos nos empeñamos en colocar nuestra maleta bien cerca nuestra, sea como sea. Y no hay espacio para todos. Es entonces cuando las azafatas, viendo que el pasaje no avanza, empiezan a insistir con aquello de que se coloquen donde haya hueco, de que en caso de no haberlo pueden poner su maleta bajo el asiento.
Ayer tuve la suerte de entrar de las primeras. Quince minutos después empecé a pensar que el avión no tenía fondo y que en realidad los que entraban por delante salían por detrás y así sucesivamente. Pero no, resultó que todos cupimos, enlataditos como sardinas y yo temiendo que mi pobre amigo no tuviera fuerza suficiente.
Otra de las gracias habituales es que a tu lado te toque alguien más corpulento que tú. Ese alguien que se cree con derecho a no dejarte hueco en el reposa brazos y cuyas anchuras de espaldas interceptan la tuya.
Una vez en el aire, empieza lo que viene siendo la banda sonora protagonista. El crujir de papel de plata y bolsas previo a un aroma de sandwiches, chocolates y galletas que lo inunda todo. ¿Donde quedaron aquellos insípidos pero monísimos catering?.
Por fin se acercaba el aterrizaje. Había rachas de viento y el avión ondeó durante minutos estando ya muy cerca del suelo. Todo el pasaje contuvo la respiración. Mi corpulento compañero exhaló un "Jesús". Una chica empezó a vomitar. Yo a esas alturas ya llevaba los ojos cerrados y me repetía que todo iba a salir bien. Tras la tensión, pisar tierra fue más agradecido que nunca.
Salimos a pista. Hacía frío, me puse la chaqueta y ya no me sobraban las botas. Welcome again.






4 mar 2014

El gran timo de los idiomas y el señor Michael

En estos años no han sido pocas las veces que me he topado con un inglés que aseguraba estar aprendiendo español viendo telenovelas. Una información sorprendente, pero que me ha venido bien conocer después para entender por qué en el trabajo a veces me jalean al ritmo de "ándale, ándale", por poner un ejemplo.
El caso es que ayer, esta confusión con lo latino dio otra vuelta de tuerca aún más clarificadora.
La situación comenzó cuando el novio de mi compañera de piso, inglés de pura cepa pero con alma ya medio andaluza,se ofreció a llevarnos en coche al supermercado más barato de Bristol, una oportunidad imposible de desaprovechar.
Nada más subir en el coche veo un paquete de 'cds' de un lumbreras llamado 'Michael' y que dice ser el gran gurú para aprender español rápido y fácil. Lo que sería un 'Vaughan' exportado vamos. En uno de los discos asegura que conseguirás fluidez en cualquier situación en sólo cinco horas. Me río y le pregunto al chico que si de verdad está aprendiendo algo con este sistema. "Actually is quite good"- me dice el inocente- "do you want to listen it?".
Nada más empezar a oír el disco el gran Michael explicaba como "haser la reservación en un hotel para mi para esta noche", frase que repetía una chica sudamericana sin el menor complejo. Volví a mirar la carátula. "Spanish". En ningún lado se avisaba de que aquello era más bien latino, en caso de que alguno de los que editaba este sistema lo supiera, que lo dudo.
La lección siguió adelante mientras le explicaba a mi amigo que "reservación" no existía como tal, que era "reserva" y que "haser" quizás le valiese con los sevillanos, pero que para el resto de España debía utilizar "hacer".   Mientras, Michael seguía dándole a la lengua intentando ahora que hiciéramos la "conformación de la habitasión". Yo a esas alturas estaba ya alucinada. ¿Conformación? ¿Habitasión?. Volví a mirar la carátula, en la parte trasera la actriz Enma Thompson aseguraba que aprender español con este sistema había sido "una de las mejores experiencias de mi vida".
 Madre mía, la de cosas que entiendo ahora, seguro que Ana Botella aprendió inglés de la mano del primo del gran Michael.....
Al llegar al supermercado le dije al chico que más le valía tirar aquello al cauce del río Avon e irse a aprender español real in situ, a no ser que quisiera acabar de galán de telenovela y apodándose Carlos Alfredo Jesús.
Me pregunto cuántas veces nos habrán timado a los españoles de la misma manera, teniendo en cuenta nuestro dominio de idiomas, han debido de ser muchísimas.

4 feb 2014

Malditas escaleras

Hoy he decido no moverme de casa. Ni un ápice o ni una milla como dicen aquí. Y es que hay días en los que es mejor no levantarse, eso lo sabemos todos; lo que no sabemos es cual será y así nos va. Tras quince días de ocupa en un salón prolongando mi estilo de vida de rebelde adolescente, hoy me he mudado a mi nuevo cuarto. Nada más levantarme he sentido mal cuerpo, pero aquello de la responsabilidad no me deja estar quieta y aunque algo me decía "no te mudes hoy, aunque la distancia sea de dos metros", pues yo me he puesto a ello. En pijama y con desgana total he vuelto a marear maletas, cajas, enseres y ropa hacia el nuevo habitáculo de dos plantas que sitúa mi cama a unos dos metros sobre el suelo. Cuando ya estaba terminando y no me explico cómo he caído hacia atrás desde el primer escalón de arriba, volando hacia atrás cual 'Superwoman' , rebotando la cabeza contra la pared e hincando el culo en el suelo para quedar en estado de 'shock'. Como nunca me ha golpeado la cabeza y mucho menos de esa manera (los muros de esta vieja casa victoriana han temblado), he llamado a gritos a mi compañera, que salía maleta en mano camino de Alemania, asegurándole que necesitaba ir a Urgencias. Con los minutos he cambiado de idea y he sustituido el viaje por una bolsa de hielo y un reposo prolongado clavada en la moqueta. Han pasado varias horas y el chichón de la cabeza aún palpita, el coxis sigue inflamado y mi cuello, debido a la tensión, rígido como una estaca.
El resultado es que en lugar de estar tomando un 'cocktail' como había acordado, estoy a dos metros sobre el suelo, temerosa de las alturas y enganchada a la tele como máxima diversión del día. El haber elegido ayer para mi primera clase de 'spinning' en meses, no ha venido si no ha empeorar la situación y estoy temiendo el levantarme mañana para ir a trabajar.
Nunca he sido una persona de caprichos, pero a estas alturas si me preguntan que me regalaría a mi misma, lo tengo claro: un vale canjeable por una única y definitiva mudanza más.

18 ene 2014

Sin batas blancas para todos

Mi amiga María, alias 'La Húngara', aunque ella cantar cante bien poco, se ríe cada vez que le digo que la próxima vez que deje Bristol será para no volver. O hacerlo, si acaso, de vacaciones. Razones para dudar no le faltan, pero yo lo pienso en serio. Otra cosa es que España esté tardando un poco más de lo que nos decían en salir del agujero. Que de eso, ya lo sabemos, no tiene la culpa nadie. 
Pero ella no acaba de entenderlo, e incluso Marbella se le antoja un paraíso donde todo es posible y al que quiere mudarse y buscar un trabajo una vez ahorre lo suficiente (pese a que no hable una palabra de español). Pero bueno, luego que no diga que no la avisé.
El caso es que aquí estoy de nuevo, con la misma incertidumbre que siempre y empezando a pensar que quizás eso de la inestabilidad sea ya mi sino. Ayer, mientras estaba embobada viendo dar vueltas a mi ropa, en una de esas secadoras industriales situadas en uno de esos cuartos que aparecen en toda película americana que se precie, presencié un diálogo muy representativo.
Dos chicas españolas, cesta en mano, entraron a la lavandería y tras echar sus monedas se sentaron a mi lado.
“-Entonces, ¿cuánto te van a pagar en el nuevo trabajo?
-Pues tía, lo de siempre, el mínimo.
-¿Y hablando inglés como lo hablas y con el doctorado, por qué no sigues buscando?-
-Lo hago, pero mientras tendré que comer..
-¿Y qué pasó con la plaza que te ofrecían en Valencia?
-Pues más de lo mismo, que al final no hay dinero, y menos para investigaciones."

Me quedé pensando. La noche anterior, el informativo había explicado que España es el destino Europeo preferido por los jubilados extranjeros y el quinto a nivel mundial. Un pais que recibe miembros de la tercera edad a mansalva y que exporta en igual cantidad a sus jóvenes . La diferencia es que los primeros desembarcan para tomar el sol, relajarse y disfrutar de la buena vida con la garantía de un tratamiento muy barato para sus achaques y los segundos lo hacen para ganarse el pan y ahora siendo amenazados con la retirada de la Seguridad Social.

Pues más de uno tenía que caer enfermo de malaria, no?.

19 dic 2013

Jamón de York en el Portal de Belén

Siempre he sido de un inocente preocupante. Tiendo a creerme de buena fe lo que me cuentan y me cuesta horrores convencerme de que alguien sea mala persona, por reiteradas pruebas que me dé de ello. Esta tendencia mía es extensible a mi visión del mundo. Una vez más y con mi 'maletilla' a cuestas me he plantado de vacaciones en esta ciudad donde no hay pobres, nadie pasa hambre, no hacen falta centros ni comedores sociales y los rusos reparten lingotes de oro en los semáforos. Espera...¿o eso era lo que decían los medios?. Ya es que me confundo. Y eso que soy periodista.
El caso es que es poner un pie fuera del avión y me vuelvo a dar cuenta de mis castillos en el aire. Me levanto y pongo la tele. En Bristol nunca he tenido y la verdad, la de disgustos que te ahorras. Más imputaciones, estafas, juicios, desahucios, deudas, recortes en la libertad de expresión que enorgullecerían a Franco....un poco de todo y nada bueno. Bueno, estoy faltando a la verdad, dimisiones estoy aún por ver la primera.
El ya famoso anuncio de 'Campofrío' y su intención de viralidad quiere hacernos olvidar por unos días lo 'fastidiaos' que estamos. Que no es que tenga yo afición por sufrir, ni deje de reconocer que han conseguido emocionar. Pero que no nos timen. El 'spot' ha encontrado tantos halagos dentro de nuestras fronteras como recriminaciones fuera de ella. La inmensa mayoría de los emigrados (y me baso en grupos mayores a las 6.000 personas presentes en internet) han expresado su indignación por aquello de que "uno puede irse, pero no hacerse". Acabáramos. Si de lo que se trata es de no tener que irse. O al menos, no hacerlo obligados. Que pretender que se nos llene la boca de orgullo patrio mientras tú país te ha mandado a fregar platos a 5 libras la hora, es mucho pedir.
Pero mientras se lucha pues habrá que aprovechar, aunque sea con jamón de york, las cenas de Navidad, los reencuentros con los amigos y las risas al calor de una copa. Y por qué no?, pedirle a los Reyes que llene las cárceles de siglas políticas. Ya os lo advertí, soy una inocente.

25 oct 2013

Los brotes verdes del Gobierno y las setas alucinógenas

Estoy por ir haciendo la maleta. Tanto oír a nuestros ministros decir a boca llena eso de que la crisis ha terminado, que casi te lo crees. Ya me veía con mi contrato, unas justas condiciones laborales, una nómina a fin de mes y casi, casi hasta con tiempo suficiente para cotizar y llegar a recibir una pensión.
Pero entonces me sonó la alarma del móvil; esa que tiene un toque más moderno que el despertador pero que fastidia exactamente lo mismo. Y aterricé directamente en vuelo 'low-cost' desde 'Felicilandia'.
A mi, como al resto de los españoles que no pertenecemos a la elitista clase política, me tocaba ponerme en marcha y tratar de encarar el día lo mejor posible. Ese mismo día una amiga me comentaba su frustración: profesora de secundaria, examinadora del Instituto Cervantes y con amplia experiencia, había sugerido en  el colegio donde trabaja a destajo de lo que aquí llaman 'kitchen porter', la posibilidad de dar clases de apoyo de manera gratuita. La respuesta, muy educada eso sí, fue que si quería aprender cómo se da una clase, podía sentarse junto a los alumnos en su tiempo libre. Sobran los comentarios.
Pero su caso es un grano del granero. Mientras en España el Gobierno se da golpecitos de espalda, posa más sonriente que nunca en la foto (insultantemente en el caso del Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro) y se pavonea del descenso de cifras como la de la dichosa Prima de Riesgo, el resto de los ciudadanos seguimos enfrentándonos a la verdad.
Y esa verdad, fuera del territorio nacional, es que la cifra de gente de todas las edades que ponen un pie fuera de casa en busca de un futuro está lejos de disminuir. Y lo peor es que lo hacen conformándose con muy poco. La falta de opciones es lo que tiene. En casi la totalidad de los casos e independientemente de tus estudios y del nivel de idiomas que tengas, tus posibilidades de acabar siendo camarero, trabajador de fábrica u hotel, limpiador o chico para todo en una cadena de 'fast food' son del 95%. El otro 5% consigue el deseado sueño americano en versión europea: tener un trabajo acorde con su cualificación y valía.
Pero ellos siguen encontrando argumentos para felicitarse. Si cuando reconocían la crisis, los ciudadanos salían de España por su carácter "inquieto", ahora que se ha volatilizado lo achacarán a tendencias suicidas me imagino.
Lo más complicado vendrá pronto. La enorme mayoría de los que estamos fuera volveremos en un plazo medio. Nadie te dice que quiera quedarse en Inglaterra como es el caso y no creo que la cosa varíe mucho en otros destinos; porque nos encanta nuestro país, porque pese a todo, no creemos que haya ninguno igual y porque cada día lejos es un castigo soportable sólo a corto plazo. Y a la vuelta, esas decenas de miles de personas se encontrarán con unos cuantos años más, desvinculados del difícil mundo laboral nacional y con una experiencia que se reducirá a los trabajos menos cualificados.  Pero a ellos qué les importa. Saben que ocurra lo que ocurra, van a seguir con los estómagos bien llenos.



19 sept 2013

Lágrimas de tinta

Desde la primera vez que puse un pie en Bristol y aunque la relación amor-odio que tengo con este país es incomprensible, hay algo que siempre me ha parecido digno de admiración: su red de bibliotecas públicas. La situada en pleno centro de esta ciudad, junto a la catedral, ha sido siempre mi favorita. Cálida, acogedora y sabia guardiana de ejemplares de siglos de antigüedad. En la planta superior, normalmente cerrada al público, se respira historia y ediciones de 'El Quijote' de los primeros años de 1600 comparten protagonismo y capas de polvo con las obras maestras de Shakespeare en un hermanamiento literario digno de admiración y que se traduce en un crujir de páginas emocionante.
Al menos, lo era hasta ahora. En una de mis últimas visitas un grupo de personas se amotinaba en la entrada, haciendo público el futuro inmediato de la 'Central Library'. El Ayuntamiento planea la venta de sus dos plantas para la construcción de un colegio privado y el destino de ejemplares tan valiosos como los mencionados es incierto. Una vez más, la educación al servicio del dinero. La señora que recogía las firmas para tratar de impedir la venta nos reconoció de inmediato. "Vosotros sois españoles, sabéis mejor que nadie qué es que os quiten las cosas", nos dijo sentenciando el silencio entre el grupo.
Entré dentro triste y muy sorprendida; quizás sea sólo un edificio (valorado en millones de libras dada su edad y ubicación eso sí), pero es uno de los pocos lugares donde sientes que todo lo que quieras aprender está ahí, al alcance de tu mano y sin coste alguno. Los libros situados allí y según la plataforma que recogía apoyos, en el mejor de los casos se dispersarán y los menos valiosos serán cedidos o incluso destruidos. Sólo queda confiar en que las autoridades escuchen, la venta no salga adelante y no se tengan que derramar más lágrimas de tinta.

3 sept 2013

Turistas con el culo al aire

"En este hotel parece que les hacemos un casting" me comentaba el directivo de un establecimiento hotelero hace un par de días, mientras afirmaba no acabar de acostumbrarse a las barbaridades que cometen algunos mal llamados 'turistas'. Esos que no sólo están en Salou y que nos guste o no y por más que se disimule, también llegan a Marbella, aunque sea con más billetes en los bolsillos. Pero el dinero nunca ha hecho la clase. Mientras hablábamos, un británico desnudo en la terraza vociferaba a una chica que se encontraba en la habitación de otro hotel situado en frente. Que para qué existen los móviles, que aquí en España estamos muy atrasados y se lleva eso del grito en 4G. "Y menos mal que la piscina no está al alcance, pero te puedo contar de todo, esto no es normal".
Enseguida me vino a la mente otra imagen de hace un par de semanas. Un amigo y yo volvíamos a casa en coche hablando precisamente de estas pandas de garrulos que acechan España sin otra intención que destrozar lo que pisan como 'Atilas' de habla inglesa y de cuya presencia aquí, tampoco nos libramos. En ese mismo instante y delante de la fachada de un establecimiento 'de alterne', un grupo de cuatro jóvenes con el bañador bajado y la tasa de alcohol presumiblemente por las nubes, enseñaba el culo a los automovilistas mientras luchaban por mantenerse en pie.
El hecho de que la mayoría de ellos sean ingleses, me cabrea mucho. A punto de embarcar de nuevo me pregunto qué me ocurriría si una vez pise tierras británicas me dedicase a destrozar mobiliario, beber hasta vomitar, cometer actos semi-suicidas y dejar la bandera de mi país a la altura del betún. Pues no voy a comprobarlo, pero unos días de calabozo, actos comunitarios y una multa de muchas libras no me la quitaba nadie. Ni el gris continuo que sufren, ni su obsesión por esa falsa educación y apariencias que les mantiene reprimidos, ni su tendencia al alcoholismo crónico les disculpa. No deberíamos dejar que vean España como ese sitio donde desahogarse y liberarse de todo lo que en su país no pueden hacer. Que vivan aquí 30 años y no se molesten en integrarse o en aprender a decir 'buenos días' ya es un clásico, pero el baremo de la civilización no debería entender de nacionalidades.

11 ago 2013

No se lo digas a nadie...

En estos días no dejo de darle vueltas a la falta que me hace tener menos escrúpulos. Para todo. Hasta yo, que tardo en pillar una maldad algo más de un lustro, he llegado a la conclusión de qué o le echas tripas a las cosas o estás perdida. Claro, que para eso hay que valer y creérselo, amén de pisar las cabezas que haga falta y plantarte una sonrisa eterna en la cara sin el más mínimo ápice de remordimiento. Yo creo que es algo con lo que se nace, también os lo digo, pero no pierdo la esperanza de, al menos, aprender a hacerme valer y plantar cara a esa cantidad de mamarrachos que andan por el mundo y que en realidad no tienen más que fachada y tragaderas. Dicho así parece que alguien me la acaba de jugar y que hablo desde el rencor, pero no es así, es una reflexión obtenida a base de los múltiples ejemplos que te otorga la vida diaria. Y como de algo tenía que escribir (desde que abandoné temporalmente Inglaterra tengo el 'blog' en dique seco) pues aprovecho para ser un poquito malvada, aunque sea por un rato. Mientras tanto agosto pasa, nuestros vecinos madrileños y usuarios de polos y mocasines inundan Marbella con la esperanza de poder contárselo cuanto antes a sus amigos y las viejas glorias del glamour pasean su palmito en busca de 'flashes' a los que encandilar. Pero de eso se trata al fin y al cabo, de dar pocos palos al agua y mucho de qué hablar.

17 jun 2013

The Big Issue

Yo podría protagonizar un anuncio de helados. Si la vuelta a casa por Navidad le vale de excusa a los de los turrones, mis regresos durante los veranos son ya otro clásico. Con las maletas abiertas de par en par y las cajas de cartones inundando la casa apuro las horas, cada día más convencida de la certeza de aquella frase que asegura que "de todo se aprende". Y mucho.
Durante las últimas semanas y por cuestiones de trabajo, paso bastantes horas a pie de calle. Una labor que no se presentaba nada apasionante a priori, pero que me está dando una lección y haciéndome creer que, en materia de humanidad, quizás no lo tengamos todo perdido. Con el paso de los días vas reconociendo rostros hasta hacerlos familiares y descubres que ahí, frente a ti y delante de los escaparates se esconde una sociedad al margen. Esa que hace de la calle su hogar y que lo que más desea cada mañana, es que no amanezca lloviendo.
Hay rostros de todo tipo e historias para todos los gustos. Está el pastor que reparte oraciones en busca de almas perdidas. Ese que te acerca un café y te cuenta que él no toma porque está en su quinto día de dieta. Que su hijo se casa y quiere caber en el traje. Siempre viste una sonrisa y no fuerza a la convicción. Asegura que es otro desde que descubrió la fe, que ha dejado atrás décadas de alcoholismo que derivaron en un trasplante.
A su lado se colocan los monjes tibetanos. De una manera gráfica y silenciosa explican a través de fotografías, su desgracia. Bajo el lema 'Tibet is burning' van narrando como sus jóvenes se prenden fuego como una cerilla para reclamar la independencia de su país. Otro de los dramas olvidados por el mundo de no ser por acciones como la suya.
Y no puedo olvidarme de los que están en cada esquina. En Gran Bretaña, personas sin recursos se apostan en las calles para vender 'The Big Issue', una publicación multitemática y cuyos beneficios van destinados a mejorar la calidad de vida de estas personas.
Una amiga ya me había contado como algunos de ellos la ayudaban en su día a día a colocar las mesas de la pastelería donde trabajaba y se ofrecían para echar una mano en cualquier cosa mientras trataban de vender su magazine.
Yo por mi parte, coincido mucho con uno de ellos. El primer día que se paró junto a mi ya se ganó mi simpatía. Me preguntó qué tal estaba, cómo iba el día y me explicó que estaba "esperando a que salga el sol, porque así la gente está mas contenta y compran más". Se despidió con una sonrisa y me dijo "te veo a la vuelta", volviendo a preguntarme si de verdad estaba bien. Le faltan casi todos los dientes, está en la calle y tiene unos 30 años más que yo. Y aún así tenía tiempo para interesarse por mí.
Desde entonces cada mañana pasa y me hace una gracia.
Por cosas como ésta, además del buen número de amigos que me llevo y las experiencias impagables,  esta nueva aventura ha merecido la pena. Aunque siga sin comprender a los ingleses, aunque me horrorice su forma de vida.
Y además tiene recompensa: las próximas letras las escribiré ya a pie de tumbona.


24 may 2013

Con piedras en los bolsillos

Se acerca junio y seguimos temblando. El año, cronológicamente hablando, avanza. La temperatura, sin embargo, va por libre. Un vendaval que acentúa los ocho grados y los rebaja a una sensación térmica de seis, lleva golpeando Bristol sin piedad durante un par de días. Tampoco falta el granizo. Mi trayecto al centro en bici y la compra se han convertido en una aventura arriesgada. He llegado a casa maldiciendo e implorando al verano que si no quiere venir, al menos mande de una vez a la escaqueada primavera.
Mientras tanto las calles ya bullen de hispano-parlantes, el aeropuerto por fin se ha dignado a emitir anuncios en español, Ryanair se está haciendo de oro y los albergues siguen colgando el cartel de completo día sí y día también. Estamos muy lejos de ser algo exótico, si es que alguna vez lo fuimos.
Y en medio de esta maraña de nacionalidades (no hay que olvidar que árabes, polacos e indios son también legión), el Primer Ministro británico David Cameron, marca 2014 en el calendario como el año para encauzar un sistema que él mismo considera "fuera de control". La vivienda, la salud pública y los subsidios dejarán de estar al alcance de todos (esto me suena de algo) para pasar a ser privilegios.
Me imagino el asombro que deben sufrir los políticos cuando revisan las cifras de inmigrantes. Un país de clima hostil, con poca calidad de vida y que se caracteriza por ir contracorriente, es hoy el objeto de deseo (con permiso de Alemania) de jóvenes y no tan jóvenes de toda Europa. No querías caldo, pues toma dos tazas.
En su defensa es justo destacar el elevado nivel tolerancia, en todos los aspectos, que se respira en este país donde la mezcla de culturas y etnias está no solo asumida, si no totalmente normalizada. Pero la llegada de la consabida crisis ha puesto a los británicos en un aprieto comprensible.
Si bien es cierto que siempre hay quien aterriza con la intención de buscarle las vueltas a un sistema sobreprotector e indulgente con los 'benefits', la mayoría no viene con otra intención que buscarse la vida y arreglarse con cualquier trabajo muy, pero que muy alejado de su especialización.
No es exagerado decir que por ejemplo, ahora mismo, los españoles sustentan en Bristol gran parte del sector servicios y se ocupan de trabajos que muchos británicos, tirados en el sofá al amparo de esas ayudas que ahora Cameron quiere reducir, no quieren realizar.
Así las cosas, ¿es la mejor idea dificultar la vida aún más a aquellos que engrasan la maquinaria de la hostelería o las fábricas y que gastan su sueldo íntegro en el país?, ¿No sería mejor alentar a los ingleses a buscar un empleo mediante una reducción justa de las ayudas o un mayor control de éstas?.
La respuesta, al menos para mí, no es tan obvia y si bien rechazo por supuesto, todo tipo de discriminación y veto, también entiendo la situación peliaguda del receptor.
Para terminar con ese toque hortera que sólo ellos saben poner a todo, diré que esta semana estoy de enhorabuena.Y es que ya estoy más cerca de mi hogar.  El canal de televisión ITV4 lanza a su parrilla el que está llamado a ser su gran éxito del verano: 'The only way is Marbella'. Playa, sol, rubias, dinero y mucho, pero mucho guiri borracho. Porque después de todo, hay cosas que nunca cambian.