27 ago. 2012

Mugidos a medianoche

Dormía plácidamente soñando con mi 'muffin' preferida, cuando me ha despertado un ruido. Desde el principio he intuído quién era. He subido medio sonámbula la escalera de la buhardilla y he abierto la puerta del cuartillo. Lo que antes era un leve ronroneo, ahora era un mugido abierto. Nos hemos mirado. Si hubiera tenido cuernos me hubiese embestido, pero afortunadamente las ruedas 'made in china' no duelen. Allí estaba ella, ojerosa y algo deteriorada. Mi maleta vacuna me estaba pidiendo explicaciones. "Deja de mugir" le dije. "Vas a despertar a los demás".
Lo primero que ha hecho ha sido preguntarme por mi suerte. Para su alivio, le he confirmado que lo del trabajo estable seguía siendo una utopía y que el verano tenía los días contados. Hemos charlado un rato. Le he hablado de los días de sol y playa, de los rostros famosos, de mis encuentros furtivos (en tiempo, entiéndase) con Bisbal. De la situación en España, de los recortes, de la subida del IVA.
Me escuchaba impaciente como si esperase el "ahora qué". Tras veinte minutos conseguí dejarla más tranquila. No ha vuelto a mugir hasta ahora. Me lo ha visto en la cara y sabe que pronto volverá a estar activa.

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