28 jul. 2012

El chamán del automovilismo

He de admitir que cuando te dedicas a escribir, pues los ratos de ocio apetece variar. Eso y que, la verdad, he ido acumulando un ennegrecimiento a costa de ver informativos que iba a salirme de todo menos algo gracioso, pues tengo el blog abandonado. Algo más calmada y mentalizándome ya de que Japón se me va a quedar corto a la hora de buscar trabajo después del verano, pues vamos a ello. Con mi vuelta a la actualidad informativa, aunque esta vez de color más bien rosa, he puesto en marcha de nuevo mi 'forfi', ese que va acumulando taras y rasguños y que me lleva dignamente a los sitios más 'cool' del litoral marbellí sin un ápice de complejo. Acostumbrado a eso está, lleva con resignación competir con Ferraris, BMWs, Porsches y toda esa alta alcurnia que en materia automovilística se estila tanto por estos lares. El pobre está además tuerto, mientras sus competidores lucen una vista arreglada en la Corporación Dermoestética de la Fórmula 1. Pero él no se me queja, tiene mi espíritu y esas vanidades le resbalan. Pero ayer al ir a cogerlo, me esperaba con su tuerto entrecejo fruncido. Y tenía razones. Su carrocería apenas es visible cuando acaba cada día y queda inundado por cientos de panfletos, descuentos, promociones, promesas de chamanes, brujos africanos y toda suerte de impresos que hayan tenido a bien colocarle. Desde aquí mi 'forfi' y yo hacemos un llamamiento:  publicistas, comerciales, reparte folletos, absténganse por favor. No, no vamos a ir a más conciertos de los estrictamente necesarios por motivos laborales, no vamos a invertir nuestros escuetísimos ahorros en líneas de tarot y si quiero comida india o china iremos donde nos gusta porque nos gusta estar encasillados. Hemos dicho.

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