11 may. 2012

Una pasión sin fuego alguno

Tú y yo nunca seremos amantes. Lo sabemos desde el primer día en que nos vimos. Quizás porque hay amores que no se olvidan, quizás por lo odioso de las comparaciones, quizás porque somos como el fuego y el hielo. Te observo día a día, pero no te entiendo. Corres, llevas prisa, escalas metas, persigues ambiciones mientras yo sueño con tardes de piel dorada, sal en los labios, páginas de calma. Te presentas ante mí cuadriculado, amplio, inabarcable e irreconocible. A veces trato de llegar a ti, pero pasan los meses y hay que aceptar que este ADN, no casará nunca con el tuyo. No olvido que te admiran, que hay quien muere por ti, que eres objeto de envidias e intrigas. Y que todo ello sin embargo me provoque tanta indiferencia....
Hay relaciones basadas en la causalidad y esa es la nuestra, una causalidad de acontecimientos, a la espera de un final feliz, como quien vive aún con ese marido al que no soporta sólo porque el divorcio sale caro y no puede pagar al letrado.
Pero he de reconocerte un mérito: ya no me queman tus trampas. Ahora que veo con nítidez absoluta que es cuestión de tiempo, he dejado de intrigarme por tu estilo de vida. Nunca has tenido nada que hacer conmigo ni mi alma, rebelde, libre y tan fuera de itinerarios. Si pudieses hablar creo que yo tampoco te gustaría a ti. Y es normal. No podía ser de otra manera. Un año ya contigo, Madrid. Un año de amor imposible a la espera de desenlace. Celebraremos el día en que ambos nos digamos adiós.

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