28 jun. 2011

Carpe Diem


Tengo en el estómago esa sensación agridulce que te dejan los nervios del decir ¿y ahora qué?. Acabo de finaliza un trámite tan tonto como necesario: he encargado, la que será mi cama en el nuevo piso. Me traía de cabeza el tema, porque cuando una no cuenta con amigos con coche o tiempo, carece de orientación para atreverse a recorrer la capital en el suyo propio cargada de bultos y cuenta con un presupuesto más ajustado que la faja de Jennifer López, todo se complica un poco. Pero mi adorado internet ha venido a facilitarme la vida en una de esas semanas en que, cuanto menos piense, pues mejor. Y más aún teniendo en cuenta esta ola de calor, que una es andaluza de pura cepa,  sin embargo no ha sufrido su primer golpe de calor hasta ayer mismo, en Madrid. Que mal rato.
Mother mine, que diría uno que yo me sé. Por fortuna, esta semana la capital acoge su semana más orgullosa y aunque no soy propensa a aglomeraciones y desmelenes a lo loco…me lo he ganado, aunque sea en horario de Los Lunnies. Va a ser como volver a la época universitaria. Mañana un buen amigo aterriza en Barajas sin más intención que dejarse llevar, he quedado con mis nuevas compis de morada para atar cabos sueltos y tengo por delante una de las fiestas más coloridas y hedonistas del mundo. Que 30 años más adolescentes…pero digo yo, si vivo como una estudiante, me pagan como a una becaria y durante varias horas al día saco de mi yo profundo, la profesional de la comunicación que llevo dentro casi por amor al arte ... ¿no me merezco ya un desahogo?. Carpe Diem.

18 jun. 2011

No te metas conmigo, chaval

Tomarse las cosas con humor ayuda a superarlas. Eso dicen. Yo hasta ahora, ni lo confirmo ni lo desmiento. He echado la vista atrás y creo que va siendo hora de plantearse eso de ‘poner el huevo’ en algún sitio. He perdido la cuenta de autobuses, trenes y aviones que he tomado en busca de mi lugar durante 2010 y 2011. Y la verdad, al final acaba una con una sensación de desarraigo difícil de cargar, habrá que fijarse un punto de una vez. Hago ya maletas y mochilas con la profesionalidad de una experta y veo en mi magnífico ‘Forfi’ al mejor de los amigos. Pero una vez más habrá que relativizar, volver a recurrir a aquello de ‘ellos se lo pierden’ y en caso de descenso a los infiernos de Dante, atacar el litro de helado de chocolate a ver si así, el nudo del estómago se congela y explota, dándote la energía necesaria para sobrellevar tu enésima etapa de caracol. Hay algo en todo esto que sí es positivo, que ya pocas cosas me importan. Literalmente, y es que una aprende a distinguir lo realmente importante y a trivializar el resto.  De hecho, sin ir más lejos ayer estuve a punto de cometer  un ‘securasesinato’.  Sí, si…en toda regla y ningún juez se hubiera atrevido a imponerme ni dos días de celda con Lindsay Lohan. Fue una jornada dura, después de trabajar fui a mi ya ex piso a recoger pedazos de una vida que quedaban por allí, y que dicen que viví. Los 38 grados, los nervios y el malestar inevitable de estas situaciones mermaron aún más mi estado físico nivel piltrafilla de los últimos días y para cuando llegué a mi nueva ‘casa’ (bendita compañera de trabajo, que se ha ganado ya vacaciones en Marbella de por vida) cargaba además con una visita al centro de salud, otra al centro comercial, una mochila tamaño Belén y medio y muy pocas ganas de nada. Aún así, me decidí a entrar al supermercado para contribuir haciendo la cena. Mi equipaje, mi careto y mi gesto absorto debieron alertar al seguridad que sin escrúpulo alguno incrementó aún más mi lastre,  pegándose a mi mochila y siguiéndome incesantemente por todos los pasillos del ‘Ahorra Más’. En lugar de girarme y ponerme a gritar en plan mujer desesperada, le mareé todo lo que pude, a la vez que entorpecía sus pasos con mi cestita con ruedas arrastrada en forma de zig-zag.  Estoy perdiendo la vergüenza, sí. Al llegar a la caja y como si cupiera alguna posibilidad de que tras tal escrutinio hubiera yo tenido la oportunidad  siquiera de ‘distraer’ algún artículo, le susurró algo a la cajera. Ésta me cobró y cuando todo estaba ya embolsado, me suelta un “señorita por favor, muéstreme la mochila”. Miré al segurata con una muesca irónica y ganas de decirle “¿de verdad crees que ésta, es la cara y el tipo de una ladrona?”. Pero en lugar de ello, aparqué mis ganas de matarlo, expiré, me desbroché el cinturón propio de las mochilas de trekking, bajé las asas, solté las bolsas de la compra y le dije “claro, ahí la tiene”, mientras imaginaba el espectáculo de aquella cajera sacando bragas mezcladas con documentos, una ensaladera, velas y cualquier otro artilugio que llevara yo encima. La pobre miró de reojo al valiente uniformado como diciendo “por dónde empiezo” y acto seguido sin ni siquiera tocarla, me dio las gracias y me dejó marchar. Habían dado con la mujer equivocada, en el momento equivocado.

16 jun. 2011

La novena puerta

A veces la vida te golpea y te deja sin aliento. Así de repente, sin esperarlo y sin razón. Por más que busques un sentido, para ti no lo tiene y ves tan claro que había más caminos, que quema el alma no ser capaz de hacérselo ver al otro. Y es ahí donde tienes de nuevo más vías, desesperarte y engancharte a los recuerdos y a los miles de planes que esperabas cumplir o quedarte con lo mejor que te dio esa persona, que también fue mucho, y tratar de seguir adelante. De nada valdrán reproches, sentimientos de rabia o sensación de haber arriesgado mucho para nada. “Quien no arriesga, no gana” me decía ayer una amiga. Y volvemos al punto cero, arropada por suerte y aunque sea desde lejos, por todos aquellos que sí son una constante en mi vida. Y si recibes un portazo tarde o temprano otra entrada se abre, nueva, enorme y llena de posibilidades. Sólo para ti. Para que continúes creciendo como persona, intentes llegar a las metas que te marcas y disfrutes cada minuto con la sensación de que esa persona, como tantas otras, ya ha dejado algo en ti imborrable y que eso te hará actuar basándote en lo ya vivido. El dolor no entiende de culpas y si algo he aprendido es que tratar de ajustar cuentas sólo te conduce a alargar el duelo. No se trata de irse de juerga la primera noche. El proceso hay que pasarlo. Pero mejor serena y tranquila, recordándote que lo mejor de ti sigue contigo y que viajará para regalarlo a otros que lo sepan apreciar. Se lo dedico a todos aquellos a quienes han cerrado la puerta, la siguiente estará a la vuelta de la esquina.

2 jun. 2011

Llevo tu nombre de norte a sur

Estoy viendo el mar. Bueno, es una forma de hablar. Porque lo que tengo delante es un salvapantallas de ordenador con una playa de Marbella. Nunca había entendido que la gente lo echase de menos. Hasta ahora. El mirar hacia el horizonte y no intuirlo, para quienes no estamos acostumbrados, desestabiliza, te hace perder un poco el norte. Hay muchas cosas que no tengo claras de mi vida, pero una de las pocas que se con certeza es que quiero vivir en Andalucía. No puedo presumir de haber visto tantos países como para descartar que exista una región similar. Pero como le pasa a las madres con sus niños, la mía, mi tierra, es la más guapa.
Para gustos los colores, pero yo no cambio el olor a salitre de Cádiz o Málaga, las playas de Almería, la Giralda de Sevilla, la Judería de Córdoba, la tranquilidad de los pueblos blancos y aún no invadidos por el siglo XXI. Por nada del mundo.
Están de moda los anuncios que, de cara al verano, exaltan el Sur, y no les culpo. Como diría Alejandro Sanz, no, no es lo mismo. No es lo mismo abrir tu ventana y ver un mar en calma, una calle de adoquines, sentir el aroma a Azahar que bajar de tu bloque a esa gran ciudad llena de atractivos, sí, pero mucho menos cálida.
Quedar para tapear con los amigos y llegar al bar en veinte minutos, sin metro, sin agobios, bajar a la arena cuando atardece dando un paseo y sentir el cosquilleo de las olas en tus pies. Oír el repicar de las campanas desde Los Alcázares sevillanos. Disfrutar de unas sardinas frescas en La Malagueta o las vistas desde Gibralfaro.
No quiero ahondar en estereotipos, esos que retratan a los andaluces como juerguistas y vagos eternos. Será la envidia, la sana alegría con la que sabemos disfrutar las cosas, saboreándolas sin prisas.
Es otra historia y por eso tarareo cierta melodía que dice aquello de ‘Al-Andalus, llevo tu nombre de norte a sur’.