30 ago. 2011

Los contratos mentales


Como no hay mal que cien años dure, esta noche mi insomnio me ha dado una tregua y mi casa tuneada a horno ha exhalado el aire caliente, que guardaba celosamente entre las vetas de su parqué y me ha regalado casi ocho horas de sueño. Aún así, sigo falta de encuentros con Morfeo y el hecho de tener que estar buscando extras por todos lados para llegar a final de mes, unido al agotamiento, me hace tener hoy un humor perruno. Me pregunto hasta cuando los peces gordos de este país (y los medianos, que todo lo malo se pega) seguirán argumentando aquello de ‘la cosa está muy mal’ para hacerte trabajar por cantidades irrisorias y sin papeles de por medio. Eso sí, la crisis es económica eh?. Que la formación, en este país la llevamos genial. Idiomas, cursos, masters, especializaciones….el número de requisitos que se pide en las ofertas de empleo es inversamente proporcional al sueldo que se ofrece. Y es que para listos, nosotros. Me mostraría más brillante si pudiera, pero me temo que mi mente está adormecida, en low battery, esperando el ansiado descanso y no da más de si. La comprendo, está cansada de pensar dónde puede existir una oportunidad, menos mal que eso sí, de mis múltiples intentos, cuento ya con cuatro tarjetas distintas de la Seguridad Social  nacionales e internacionales (atención, no estoy confesando un fraude, la última anula a las anteriores), así que si  ella cae enferma asegurada estoy…..¿¿o no??. Ese es otro cantar, pero bueno no estamos ni ella ni yo para complicarnos más el día ni meternos en camisas de once varas.

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