25 sept 2012

Corre, Forrest, Corre...que Kafka ha resucitado!

He esperado un par de días para narrar estos hechos. De lo contrario, este post hubiera sido una línea tras otra de pura bilis. Pero como tras la tormenta viene la calma, que no la transigencia, es hora ya de contarlo.
Me tengo dicho que cuanto menos visite las administraciones públicas y similares, mejor. Sin embargo a veces hay causas de fuerza mayor y te ves de nuevo en ese círculo inútil y desesperante que conforman la mayoría de ellas. Con la maleta ya cerrada y a punto de surcar los mares, me dirigí, ilusa de mi, a por aquello que denominan la tarjeta sanitaria europea. Previa cita y días de espera la funcionaría me increpa que debo pedir previamente un certificado al INEM  que me permita salir del país. Le digo que no la entiendo. "Es que como cobras el paro, necesitas su autorización". Le aclaro que está en un error, que ni cobro, ni he cobrado del Estado en años. Se encoge de hombros "pues eso es lo que pone aquí". Sin más contemplaciones me manda al SEPE donde la siguiente funcionaría ( ésta sí amable, comprensiva y sin explicarse cómo me ha ocurrido esto), me dice que debo pedir otra cita para aclararlo y que debo saber que si en efecto, ni trabajo ni percibo prestación alguna, tampoco me va a servir de nada porque la sanidad tanto en España como en Europa, ya no me pertenece. Paso de los 26 años, no trabajo y no cobro de nadie. Debe ser eso que llaman NI-NI.
Vuelvo a casa y llamo a la Seguridad Social. Lo mejor estaba por llegar. El responsable del área me dice que, efectivamente, consta que llevo enriqueciéndome a costa del SEPE desde hace casi tres años. Me río y le digo "vaya, pues soy la única española que ha conseguido cobrar del Estado más de dos años seguidos, como dicta la Ley". "Pues sí" es su respuesta.
Metida ya en el laberinto y codo con codo con Kafka (me guiña un ojo y me agradece tan buen argumento) le añado : "A ver, si en esos tres años me han dado de alta en alguna empresa como así ha sido, debería habérseme interrumpido esa prestación virtual, no?". Asiente y añade que comprende que debe ser un error, pero que eso es lo que hay, que él no puede hacer nada.
Si en ese momento lo tengo delante y hago lo que me vino a la mente cualquier jurado me hubiese exonerado por enajenación mental transitoria. Me cargo de paciencia y le insisto : Ni siquiera estoy inscrita en la oficina del Inem (perdí la fe en su utilidad hace mucho). Ese dato tampoco le hace parpadear. Tras veinte minutos cuelgo en las mismas. Bueno, en las mismas no. Con otra cita para un día antes de mi vuelo, sin Seguridad Social y rezando porque las heladas del norte de Europa no me hagan resbalar y tener que ponerme un brazo en cabestrillo. Si eso ocurre os haré llegar un número de cuenta para que me echéis una mano a pagar la factura.

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