7 mar. 2012

El 20% de los cadáveres de la Pantoja

No tenía previsto ver el biopic de 'La Panto'. Y no, no voy a decir que yo sólo veo documentales de 'La 2': más bien es que pensaba engancharme al capítulo 2, ése en el que por mi origen y profesión sentiría más familiar. No tenía previsto tampoco hablar de cotilleos en este blog, pero hoy voy a hacer una excepción. Como he dicho, no veía la serie de marras cuando empiezo a recibir 'wassap' de mis hermanas riéndose de lo que han visto y  cuyo contenido no entiendo. Para cuando quiero incorporarme a sus bromas, ya ha acabado la serie. Les prometo que la veré online para comentar la jugada. Puedo decir que mereció la pena por la experiencia. Por cierto, no tiene nombre que cada diez minutos, Telecinco.es te inserte los anuncios que se le antojen sin posibilidad de escape.
A lo que iba.Primero una siente verguenza ajena al comprobar ese acento andaluz de los personajes, sólo superado en error de entonación por aquella 'Juani' de Médico de Familia. No corre mejor suerte la interpretación. Pero supongo, que ni una ni otra cosa fue lo que sumó el 20% de share.
Tenía unos diez años cuando me encontré por primera vez al fallecido Gil y me regaló un pin del Atlético de Madrid como saludo y unos once cuando acudí como invitada a aquel programa infame ( en mi defensa diré que todos tenemos un Hormigas Blancas), que se rodaba en su casa y donde desbordaba bañera con mulatas y 'mama-chicho' de la mano, que ironía, de la misma cadena de televisión.
Desde ahí y hasta que llegué a cubrir para distintos medios los desmanes ya convertidos en hechos delictivos, del clan que más tarde completarían Muñoz, Pantoja, Roca... oí todo tipo de rumores, si bien no tengo de primera mano sobre este culebrón, más información que la que el espectador ya conoce. Mérito que sí le conozco a varios compañeros.
Y he de confesar que tras ver la serie y a la espera de la segunda parte, no puedo más que calificarla como el reflejo cañí de una figura que parece haber dejado tras de sí, una larga estela de hombres y mujeres en estado comatoso y que para colmo de males, acabó en la Cueva de Ali Babá, que era por aquel entonces Marbella. Y todo ello, con la misma tenue sonrisa que muestra la Mona Lisa (que me perdonen los amantes del arte) y que tantos interrogantes despierta.
Quizás por eso, tantos años después, siguen los programas hablando de ello, porque esta historia 'Typical Spanish' tiene todas las características para triunfar en la pantalla: miles de dimes y diretes y pocas certezas. Hay carrete para rato.

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