27 ene. 2013

Las moscas del Diablo y el Gangnam Style


Dicen que cuando el Diablo se aburre, mata moscas con el rabo. Pues no puedo asegurarlo. Pero un grupo de emigrados aburridos no le irían a la zaga. Ha querido salir el sol un rato, pero en la misma mañana hemos visto diluviar y granizar de manera violenta. Y ante tal domingo rutinario ha vuelto a salir el tema estrella: nunca nos acostumbraríamos a vivir aquí.
Un cruce dialéctico condenado a no tener fin ni vencidos y que se sobrelleva gracias a las risas y el ánimo que le ponen, unos más que otros. (Yo, lo confieso, depende del día pero últimamente no contéis conmigo). De momento, me he marcado un objetivo a corto plazo: ser las más 'lovely' entre las 'lovelys' en mi nuevo trabajo y traducir tanta sonrisa a libras para darme el capricho de viajar a casa lo antes posible. Por poco que haga que haya vuelto. No se si tiene mucho sentido, pero no me sobra la fuerza de voluntad últimamente. Entre los nuestros hay opiniones para todos los gustos, desde la de 'me voy ya' hasta el de 'no me veo yéndome'. Y así, nos vamos sosteniendo unos a otros. Para convertir en aventura lo que a veces no es más que una faena. (Ya he avisado, no es mi semana).
En el clásico apartado 'burocracia', hemos estado estos días entretenidos con las amenazas de la televisión nacional de hacernos una investigación ante la sospecha de que estemos viendo la tele, sin abonar el canon que hace de la BBC lo que todos conocemos. No digo yo que no haya que colaborar, pero lo de entrar amenazando de entrada y cuando uno no tiene ni aparato de recepción en casa, pues no gusta. Eso en nuestro caso, que otros sufridos amigos, debido a la incomprensión del idioma y del sistema, van ya por la tercera advertencia plasmada en un sobre que les avisa de que 'warning', que la investigación está ya en marcha. Cada día entiendo menos cosas. Pero qué se puede esperar de un mundo en el que triunfa un chino 'kudeiro' regordete con gafas imposibles y un baile de epiléptico.

20 ene. 2013

Sin hielo, por favor

 Tras las navidades más ocupadas en mucho tiempo y un viaje a España donde agoté las reservas de croquetas caseras, mejillones rellenos y pucheros varios, era hora de volver a mi fría realidad. Porque frío es en todo lo que puedo pensar últimamente. Es curioso como el ser humano se adapta a las circunstancias y como mis convecinos siguen luciendo piernas o montando en bici entre las heladas, pero mis genes debieron perderse en ese punto de la evolución y deciden hibernar cual oso. Resumiendo, que voy lenta y tardía en mi día a día. Pero a veces afortunadamente sucede algo que te despierta la ilusión y para ello, nada como levantarte con una estampa de postal a la que se está poco acostumbrado. Una intensa nevada nos dio los buenos días y nos lanzó a la calle como si no pasáramos de los diez años. Sin transporte público, llegar al centro supuso una aventura en la que sortear cúmulos de nieve, zonas heladas y árboles convertidos en impresionantes cascadas blancas. Como un regalo de navidad tardío. Por unas horas dejas de acordarte de lo poco que comprendes el estilo de vida inglés, su estética difícil de ver y su enfermiza fijación con las referencias (absteneros de venir a trabajar si tenéis ni una mísera multa de tráfico o vuestro tatarabuelo robó una oveja a su vecino de finca) y les concedes una tregua.
Un respiro ocioso con el que tomar fuerzas y soportar días como el de hoy, con una máxima de -2 grados. Demasiado para una que adora vivir en Andalucía. En el lado bueno, una vez más, todos los que están en la misma situación. La última adquisición de nuestro grupo, 'Bristolianos', ha sido un futuro Doctor en químicas becado por Bristol y una arquitecta técnica a patadas con el idioma. Anoche celebramos otro cumpleaños donde no faltó la empanada gallega y el chorizo patrio. Y mientras, sigo sin ni mirar los periódicos nacionales. Me basta con los ecos que llegan de todas partes. No quiero enterarme de más noticias que nos hierven la sangre. Ojos que no leen, corazón que no siente.