16 nov. 2012

"En ningún sitio atan lo perros con longanizas" (by mi abuela)


Nunca me llevé bien con la burocracia y doy cuenta de ello en este blog cada vez que surge la oportunidad. Si a ello le unimos las características propias de este país estricto en apariencia, hasta la médula, se explica por qué tengo mi pequeño desahogo literario abandonado. Solucionado el tema del trabajo y acostumbrándome a que, tengas el turno que tengas, poco ves la luz del día (benditos atardeceres de verano en Marbella a las nueve y media de la noche), prefiero centrarme en las experiencias. Hoy voy a hablar de los míos, los españoles y especialmente los andaluces. Sea casualidad o no y a falta de datos estadísticos, un porcentaje nada desdeñable de los emigrados en Bristol gastan aquello de 'quilla', 'una hartá' o 'en cá mi abuela'. La mayoría se encuentran entre los 24 y 30 años, han acabado la carrera sin opción a trabajo o se han visto en la calle después de años trabajando en el sector servicios o de comercios. Pero la verdad, le echan gracia hasta a las situaciones más desesperadas. Cierto es que todos pueden volver a casa, al abrigo de sus padres, que les lloran por Skype y les dicen que qué demonios hacen aquí, que a "esos ingleses no le aguantéis gritos".  Quizás eso, saber que a unas malas el plato de comida no falta en casa, les hace tolerar mejor algunos de los abusos que sufren y tomárselo como una experiencia de la que aprender. 
El hecho de que la educación española, a la hora de aprender idiomas, sea para echarse a llorar provoca no pocas situaciones 'cómicas'. Grupos de gente que va a ver pisos sin saber que con ellos irán otros doce más, de los cuales serán elegidos los que mejor caigan al dueño, los afortunados que tengan contrato o el que le haga más gracia a la impertinente de la inmobiliaria. El resto quedan nominados y expulsados al más puro estilo 'Gran Hermano'. Y se han ganado el calificativo, os lo aseguro. Les sobra la demanda y no sólo no mueven un dedo para tratar de alquilarte algo, es que te piden remover cielo y tierra (amén de soltar una cantidad abusiva de dinero), para hacerte con un techo. 
No te responden las dudas ni aunque lleves contigo un cuestionario. En la parte positiva está conocer a gente encantadora. Los muchachos de Santander que decidieron traerse el coche y por ello andan repartiendo pizzas, la chica de 'Graná' que no descarta traerse a su tío a montar una churrería para enseñarles a los británicos lo que es comer bien, el gallego que se lamenta de que hasta ahora nunca tuvo que buscar trabajo porque "el trabajo venía a mi" y sobre todo, la ola de solidaridad. Una especie de red de 'networking spanish' en la que ningún empleo queda desaprovechado y que corre la voz entre unos y otros tratando de echar una mano. Se planean navidades con jamón enviado por los sacrificados familiares y año nuevo en la típica plaza de 'Queen Square' con uvas que valen su peso en oro, a tenor de los precios de la fruta aquí. Pocos se atreven a ir a casa en 'Christmas', ya que es la mejor época para trabajar duro y coger algo de dinero. Mi sueño de esta semana es poner fecha a mi primera visita, el billete está al caer y no pienso perderme la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar.