14 oct. 2014

Las cicatrices de la pasión


Dice Joaquín Sabina, un hombre al que admiro profundamente, que cuando uno vive apasionadamente las cicatrices son inevitables. Y qué razón tiene, se marcan en el alma a base de cincel y te hacen preguntarte si no estarás equivocada, si plantearte las cosas más allá de lo que te dicen, evitar la condescendencia, hablar con claridad, tener algún pronto de genio o negarte a seguir lo establecido, son acciones que deberías enterrar. Te repites que te haría la vida más fácil dejar la pasión a un lado y mantener la mente fría.Y lo he intentado, pero no puedo. Soy de cicatrices profundas pero vivas y por ello acumulo experiencias con las que podría escribir un libro. En este país de familias desarraigadas lo frío y calculador está demasiado a la vista. Pero yo no quiero despego, ni frialdad, ni escalar posiciones a costa de sacrificar lo que realmente importa: vivir la vida. Porque las heridas sanan y te ayudan a aprender, mientras que quien carece de ellas no sabe lo que es estar vivo. No sabe lo que es reir hasta partirse en dos y no se ha quemado hasta estar en cenizas. ¿Y para qué vivir si no?.