30 ago. 2011

Los contratos mentales


Como no hay mal que cien años dure, esta noche mi insomnio me ha dado una tregua y mi casa tuneada a horno ha exhalado el aire caliente, que guardaba celosamente entre las vetas de su parqué y me ha regalado casi ocho horas de sueño. Aún así, sigo falta de encuentros con Morfeo y el hecho de tener que estar buscando extras por todos lados para llegar a final de mes, unido al agotamiento, me hace tener hoy un humor perruno. Me pregunto hasta cuando los peces gordos de este país (y los medianos, que todo lo malo se pega) seguirán argumentando aquello de ‘la cosa está muy mal’ para hacerte trabajar por cantidades irrisorias y sin papeles de por medio. Eso sí, la crisis es económica eh?. Que la formación, en este país la llevamos genial. Idiomas, cursos, masters, especializaciones….el número de requisitos que se pide en las ofertas de empleo es inversamente proporcional al sueldo que se ofrece. Y es que para listos, nosotros. Me mostraría más brillante si pudiera, pero me temo que mi mente está adormecida, en low battery, esperando el ansiado descanso y no da más de si. La comprendo, está cansada de pensar dónde puede existir una oportunidad, menos mal que eso sí, de mis múltiples intentos, cuento ya con cuatro tarjetas distintas de la Seguridad Social  nacionales e internacionales (atención, no estoy confesando un fraude, la última anula a las anteriores), así que si  ella cae enferma asegurada estoy…..¿¿o no??. Ese es otro cantar, pero bueno no estamos ni ella ni yo para complicarnos más el día ni meternos en camisas de once varas.

20 ago. 2011

El mejor marketing posible

A veces el éxito va precedido de una sonrisa y no tiene detrás sólo un duro trabajo, si no la poco común característica de ser uno mismo. De ello da fe un curioso bar de mi ciudad natal, que no cuenta con más aliciente que hacerte sentir como en casa y ubicado en la zona más alejada de la 'jet set' que se pueda imaginar. Podría estar en Marbella o en cualquier pueblo blanco andaluz. Es uno de esos bares sencillos, no más de 40 metros cuadrados, con carta brevísima y modesta, parroquianos de toda la vida, sillas de plástico, olor a fritanga y un 'target' que superaba los 60 años de edad no hace demasiados años. Ahora, centenares de jóvenes conviven con los clásicos y degustan los más diferentes brebajes a un precio más que ajustado. Otro de sus secretos. Pero la personalidad de los dueños, dos generaciones, es lo que realmente te capta de ese sitio del que, en honor a la verdad, he oído la mayoría de las historias por boca de amigos más que vivirlas en sí. Anoche, tuve el honor de volver a ir. Dos consumiciones, una sin alcohol. 2,70 euros. Conversación agradable y divertida garantizada de la mano de los ideólogos de este bar que une generaciones y tendencias. Tras mi banqueta cae en un cubo un chorro de agua helada procedente del aparato del aire acondicionado y que Paquito, detrás de la barra, no ve necesidad urgente de reparar. Ni falta que le hace, cuenta con un Facebook, elaborado por sus fans, que él no se mete en esos berenjenales, que roza los 1000 seguidores.
Era mi segundo intento por ir durante mis vacaciones. El primero de ellos fui a elegir su único día de cierre, pero ello me permitió ver una estampa sólo propia de un restaurante de celebrities o cargado de Estrellas Michelín. Una joven turista de habla inglesa se acercaba callejeando y plano en mano por el Casco Antiguo al 'Bar Francisco'. Tras lamentar su cierre e informar las amigas que le seguían, saca la cámara y echa la pertinente foto a la modestísima fachada. De piedra me quedé, ya quisiera el 'Hard Rock Café'.
'Paquito el Limpio' como se le conoce, hace caja en tiempos de crisis sin más armas que una personalidad entre curiosa e inquietante y la vigilante mirada de su padre, jubilado recientemente de detrás de esa misma barra, pero muy activo aún. Da gusto que aún queden sitios así. Lugares donde sobran los conocimientos de 'nouvelle cousine' o protocolo pero que saben alimentar de una forma más importante el estómago y las risas.

4 ago. 2011

La desvergonzada visita del señor de bata blanca

Su santidad (en adecuada minúscula) ha decidido honrarnos con su visita de nuevo. Llegará a Madrid el 16 de agosto y revolucionará la capital en pro de unos encuentros con los jóvenes, que efectivamente, deben estar muy perdidos para decidir perseguir a este señor de bata blanca. No sé si existe el cielo, pero no temo quedarme fuera, si Benedicto XVI entra, yo tengo plaza asegurada y en zona VIP y vosotros seáis quienes seáis, también. España va a contribuir con la friolera de siete millones de euros, para que los vocacionales cristianos tengan un lugar donde dormir y comer como Dios manda, sin soltar un euro de su bolsillo. Y luego quieren hacernos creer que hay crisis. Al final Zapatero va a tener razón y no pasamos de una simple ‘recesión económica’. Pero ni aún así se explicaría la falta de vergüenza de la iglesia. La hambruna que sufre África, que no por perenne es menos dolorosa, está alcanzando límites insospechados y día a día conocemos casos que deberían dar que pensar. A quien tenga conciencia. El informativo de hoy narraba el caso de una madre que hace 15 días huía hacia un campo de refugiados con su marido y sus cinco hijos. Hoy la han vuelto a encontrar, con su marido y su único hijo superviviente. Y a ver lo que le dura, porque las caricias y el amor no alimentan. Como tampoco lo hace la mal llamada ‘caridad cristiana’ (extensible a cualquier religión).  Cuantas veces voces de todas partes del mundo, han pedido a la iglesia que venda todo ese patrimonio incalculable y siga los preceptos de ese Dios al que dice representar. Siete millones de euros. Se dice pronto. Por una visita.  Es insultante y más en una época como la que vivimos, si bien todo lo que pasamos nosotros se queda ridículo en comparación con lo que padece el continente negro. Me temo que no voy a verlo en vida, pero ojalá llegue el día en que la humanidad se revele contra estos chamanes de tres al cuarto que venden ideas de amor, esperanza y paz a cambio de una vida familiar, blanca, masculina, sobria, estoica, célibe, heterosexual y contenida (eso para los ciudadanos de a pie, para conocer SU estilo de vida insto a tirar de hemeroteca).  Admiro a aquellos párrocos y monjas que realmente trabajan por y para los demás, que por más equivocados que estén, creen en su iglesia porque representa a su Dios. Pero nada tienen que ver ellos con el despilfarro diario de una entidad que ha manipulado la historia a su antojo, que deja morir de hambre a una madre y su prole que cruza un desierto sin más objetivo que un cazo de agua. Que dilapida billetes con el apoyo de unos Gobiernos que no tienen bemoles para decirle, que si quiere venir de visita venda uno de sus miles de cuadros, por poner un ejemplo y costee la estancia de sus ‘adeptos’. Que besan la tierra que pisa. Que pasan también por alto el sufrimiento de tantos millones de personas. Me revuelve las tripas pensar que este señor y quienes dirige, pueden dormir a pierna suelta.